Sábado de gloria

La conmemoración respecto a la muerte de Jesucristo ha terminado y comienza la festividad de la resurrección (aunque para Iglesia, realmente esto se da hasta la misa del domingo -cuya festividad inicia sábado en la noche- pero para la costumbre popular en México, permanece aún al despertar en sábado, que incluye, la tradición cada vez menos viable por cuestiones de escasez del vital líquido, de mojar -empapar- al prójimo). 

Quizá la Semana Santa se trate también de una preparación anual para recordarnos lo frágiles que somos y vayamos de alguna forma ensayando para nuestra muerte cuando ello suceda; algo así como una rito y ensayo anual que nos ayude a entender y elaborar que algún día nos iremos de este mundo, para el más allá, lo que sea que eso signifique conforme a las creencias de cada quien.

Pues esas prácticas o ensayos, en general, por lo que me ha tocado vivir, y ver morir, en nada o casi nada ayudan a quienes se encuentran en trance de muerte y tampoco a los deudos, quienes en vez de estar felices porque el muerto ya descanse en manos de Dios, por el contrario, están apesadumbrados por más que saben y se les haya inculcado desde generaciones atrás, en forma inveterada, que hay vida eterna.

 ¿Entonces?

 ¿Hay desconfianza en las creencias? 

¿No están del todo seguros, acerca de la vida, gloria, eterna? o ¿Por qué de la incertidumbre, de algo tan real y cierto a menos que por saber en el fuero interno que en verdad se es o fue altamente pecador o pecadora e irán a una condena infinita?

 ¿Es o no es tan así?

No es mi intención polemizar al respecto.

No soy de los que cuestione las creencias de nadie. 

Sencillamente, es menester estar conscientes que esta vida como la conocemos, quienes la vivimos, no es para siempre; se termina, se acaba -o lo que es lo mismo, termina por acabar- y nada se puede hacer al respecto, ni siquiera engañar a la muerte, por más que algunos y algunas se empecinen -varios y varias- en tal afán.

Luego, resulta que al no ser eternos nos agobia el dejar esta vida, a pesar de los pesares, por más promesas que tengamos acerca de que lo que siga será aún mucho mejor.

Pero bueno, creo que  mientras dure esta, la vida que conocemos, debemos en lo posible disfrutarla como venga y con lo que traiga, a veces nada grato, pero afrontarlo, asumirlo y sobre todo ¡a vivirlo! y ya.

Y pues, como lo dice la canción: 

“Bendito Dios porque al tenerte yo en vida, no necesito ir al cielo tisú, si alma mía, la gloria eres tú”.

¿Qué tiene que ver la canción con el tema?

La verdad nada en absoluto a excepción de la palabra gloria, pero es que solo se me vino la tomada y la letra a la mente.

En fin.

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