Querido amor.

Querido amor:

Tú, quien eres mi todo, y de quien estoy enamorado, me has perjudicado gratamente, lo sabes, al grado que no hay otra mujer que me haga vibrar, ni me excite; y ahora que traigo tu ausencia a cuestas, como hueco en mi pecho, mi libido antes tan prendido y que se aquietaba, a ratos, estando en ti o con tu recuerdo, hoy está desfallecido, sin ánimo que lo inquiete.

No requiero una amable convivencia de una irreprochable afabilidad.

Te amo y quiero que me aceptes en ti, con irrefrenable deseo, con el anhelo de recibirme bien adentro y las ganas de amar, no para cumplir y ya.

No necesito de ilusión alguna, en tu presencia.

Eres mi mujer.

Me basta contigo.

La realidad en ti, lo llena todo, sí, pero contigo, no con una anfitriona cordial pero distante e incómoda.

Y si paso buena noche, en que en tu ausencia no tenga desvelo, ni insomnio por ti, es que no sufrí. Entonces podré decir, la vez que así suceda, que en verdad pasé mala noche, porque mi tranquilidad me hizo saber que ya no estarás en mí, y serás remoto e ido recuerdo.

Pero no es así.

Por más que hiciera el intento por olvidarte, invariablemente me pasas fugaz, como destello en el sentimiento y eres una constante que está todo el tiempo.

Así tan adentro te llevo, así estás en mí, aún ausente y quizá yo ya olvidado por ti.

Contigo y en ti, todo.

Sin ti, lo sabes bien: ¡la nada!

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