Escribir: un capítulo aparte.

Escribir, es un capítulo aparte.

La necesidad de transmitir pensamientos, para plasmar mi sentir, mis vivencias, mi devenir cotidiano, que se me llega a hacer tan enorme que me lo tengo que contar, a manera de intentar no perder, mientras pueda, la memoria de lo tanto que me sucede ya sea real o figurado, de mis cuentos e ideas que tanto me platico a mí mismo, para hacerme sentir bien y no perderme y olvidarme de lo que siempre quiero ser, sin saber a ciencia cierta que es, y no soy, pero que me da vida, porque hace que me ilusione a ratos, con cosas que están rondando mi imaginación.

Es tanto lo que quiero decir, no para dictar opinión o conocimiento, sino solo por el placer de externar mi emoción y sentimiento y que llegara a alguien a quien también pudiera hacerle sentido.

No se trata de escribir para ser correspondido; si se da, reconforta, pero más allá de eso, manifestar el ser interno, el pensamiento, por el único placer que da el poder hacerlo.

Me identifico con “Luis”, no sé si así se llama la canción de Franco de Vita (la del taxista con aspiraciones de roquero); pero admiro a Carlos Prieto, el cellista que de ser directivo de una empresa, de a pocos se fue dando tiempo para forjar su carrera en lo que es su pasión.

Pero al parecer, desde mi zona de confort y apatía no me quiero permitir hacer lo que quiero para probarme mis dotes o ausencia de las mismas para poder escribir algo que en verdad interese lo suficiente a alguien más, lo lea.

Pero tengo que alimentar y dar sustento a una familia, ganar dinero con mi trabajo y sacar adelante a mis hijas, pagarles sus estudios y mantener a mi esposa. Pagar cuentas de gastos.

Le he dado vueltas y vueltas al asunto.

Entiendo lo que seguro nos pasa a muchos otros, queremos escapar de una realidad que nosotros mismos nos hemos construido y algunos lo logran, por el camino equivocado, otros a través de ayuda, los de más allá encausando su energía de diferentes formas y los menos, con el valor de hacer lo que verdaderamente les gusta, a pesar de las condiciones en que vivan y las circunstancias en que están.

Es una continua disyuntiva el vivir entre la realidad y la ficción.

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