En la víspera. A la Diosa Fortuna.

Quizá el secreto de una escritura fluida sea solo escribir lo que necesita escribirse.

Lo que quiere ser escrito aparecerá, no por arte de magia, sino porque nuestra mano se deja llevar por el cerebro y éste por lo que sentimos. Así la trilogía, la Trinidad, hace su labor y se producen obras que a alguien llamen la atención y merezcan ser leídas.

Esta idea se me viene de repente, porque quien quiere ser escritor, únicamente debe dedicarse a escribir y por más que la página en blanco sea un gran reto, si se deja uno seducir en vez de temer lo ignoto de la nada, aparecen las palabras que a base de dibujarlas van concretando frases que algún sentido hacen y forman pensamientos que vierten lo que pretendemos expresar.

No es que sea sencillo, pero a veces el freno es solo desidia, abulia, apatía a expresar lo que se carga y se prefiere callar para no dejar salir lo que se trae dentro.

La existencia es tan corta, y uno se va dando cuenta al paso de los años, que esta verdad de Perogrullo es algo evidente, tanto que nos pasa por encima y lo siquiera nos damos cuenta hasta que de pronto solo echamos una mirada y uf! resulta que todo ya ha pasado, tan de prisa que ni lo alcanzamos a disfrutar y luego por eso nos dedicamos a añorarlo, melancólicos y desesperados.

Pero entonces, hay que encontrar asideros para no desesperar en la sinrazón, y en mi caso, mi salvavidas es la escritura, en este mar tormentoso que en la aparente calma de la cotidianidad subyace para en grandes oleadas pretender ahogarme y no alcanzar la siguiente bocanada que me permita continuar a lo que siga, sea lo que sea.

Escuche una de esas frases, que se dicen quizá sin conciencia y sólo se expresan casi a manera de mero suspiro: “lo bueno de la Navidad, es que también se acaba”, refiriéndose a la presión a que nos sometemos por agobio de que todo salga perfecto, olvidando que lo importante es celebrar algo, que se ha convertido en carga más que en razón, y acabamos tan artos de del tradicional fastidio en el que año tras año nos inmolamos a sabiendas que es tan sencillo solo dedicarnos a gozarlas presencias de quienes queremos y los demás son meros adornos que no debieran ser lo relevante de esta época que se supone es de paz y alegría.

Pero me distraje con estos pensamientos de lo esencial a expresar, que es el disfrute y liberación que significa escribir a manera de ejercicio, catarsis, juego y manifestación del ser mismo, para deleite personal y posiblemente para que alguien más a quien le haga sentido, lo reciba y le guste, aunque eso, es otro cantar.

En fin, ideas tras ideas se me vienen y agolpan lo que provoca que se me atoren al momento de querer expresarlas con algún sentido y se me van manifestando de distintas maneras, las más de las veces disparatadas, por mi tendencia a ser disperso y no ordenarlas, por el miedo a que se me olviden y que se queden en el limbo y entonces nunca más las pueda sacar de la nada para dejarlas plasmadas, por el gusto de volverlas a leer en alguna ocasión posterior, o tal vez nunca más, pero si evitar que se me agolpen y acumulen en mi interior y me ahoguen hasta literalmente morir…

Vaya que hoy, escribo por escribir para dejar que lúdico el espíritu mío juegue y vague, de aquí para allá, en la hoja en blanco, como si de patinar se tratare.

Todo esto, en víspera de mi cumpleaños 52, para luego intentar descansar.

Me doy un auto abrazo, me palmeo, suspiro e intento continuar en mi cotidiano bregar.

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