Te comento

Estoy en uno de esos momentos en que la vida con todas sus complicaciones y lo azarosa que es, me permite un rato de tranquilidad en la que puedo dedicarme a lo importante: a ti.

Y del pensamiento con recuerdos, me pongo a dialogar conmigo mismo y no me doy cuenta cuando comienzo a hacerlo contigo en tu ausencia, y te empiezo a comentar a manera de remembranza, a la vez que presente continuo (gracias a Dios), de los aconteceres que tengo gracias a ti.

El destino quiso que supiéramos el uno del otro, que nos conociéramos primero fugazmente, luego que se acomodaran las circunstancias para irnos acercando.

La vida misma nos había llevado por diferentes derroteros cada quien haciendo su vida, sin imaginar que el mismo sino nos juntaría prácticamente en tu casa.

Y tú, nos permitiste que sucediera. 

Y así, de poco a poco, nos empezamos a amar, explorando ese sentimiento profundo que brotó y fue floreciendo para realizar algo que el tiempo no ha borrado y que tú ni siquiera sabías que existiera quizás más allá de un “caerte bien” o tal vez un afecto amistoso, pero que para mí fue desde prácticamente el comienzo, un evento irrealizable que reconozco sin saber porqué, me conmocionó, me tomó por sorpresa.

El devenir transcurría sin ti, pero no olvidándote, solo pensando que pude perder la oportunidad de realizar mi sentimiento que se dio, sin yo saberlo, desde que te conocí y que por diferentes eventos, al igual que mi falta de darme cuenta, no permitieron que las cosas se dieran como naturalmente debieron ser.

El paso de los años (algo tan relativo) ha demostrado que era sentimiento verdadero; que permaneció latente para explotar de distintas formas; y es ahí, que caí en la cuenta que tú ausencia es vacío, que duele porque se queda un hueco en el alma como un soplo que permanece por el cual cala el dolor en forma de frío.

Aunque haya lejanía, siempre nos une un lazo más fuerte que nosotros mismos.

Llámale amor o dale cualquier otro nombre, da igual; pero es lo que es, gracias a que abriste tu corazón y sentimientos a esto que ahora es un nosotros, que a ambos nos pertenece, aunque las circunstancias no sean las que anhelamos y quisiéramos, pero es.

Y en vez de perder el tiempo en preguntar porqués o sufrir por lo que no tenemos, disfrutamos de esto que nos une y por lo cual nos pertenecemos, más allá de nosotros mismos, cada uno ser independiente, que no fortalecemos al integrarnos y sabernos el uno del otro.

Gracias por compartirte; por abrirme espacio en tu corazón, por permitirme estar en ti, como tú lo estás en mí.

Te llevo conmigo, aunque es angustiante la sola idea de perderte.

Te quiero.

En fin

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