Anecdotario de la enseñanza o de como comencé en la docencia

En un curso que recién tomé nos encargaron desarrollar una especie de libro, en capítulos, de ahí surge este escrito,

Cap. I ¿Cómo y por qué inicié en la docencia?

No lo sé a ciencia cierta.

Acabé la universidad y un día, yendo a recoger no sé que documentación, pasé a las oficinas de Derecho y por azar del destino me ofrecieron ser adjunto de una materia (Seguridad Social). Solo acerté a decir: sí y, un mes después, me encontraba frente a un grupo impartiendo (es un decir) clase con todas mis falencias e inexperiencia como único bagaje.


Tuve la suerte que el profesor titular decidiera que, un día a la semana, yo fuera quien diera la clase y para ello me asigno la Ley del ISSSTE; si de por sí la materia era árida ¿A quién le interesaría ver la legislación burocrática?


Aunque fue la peor experiencia que hasta ese momento había tenido (porque no es lo mismo dar una clase frente a tus compañeros, obligado por las circunstancias y el profesor o profesora en turno, a que tú estar al frente como profesor) incluso en cuanto a manejo de grupo, y entonces me di cuenta que me gustaba ser profesor, no por algo vacuo sino porque me sentía y hacía bien estudiar, entender y poder luego explicar lo que había aprendido para transmitirlo.

Luego aprendí que no solo se trataba de transmitir conocimiento, sino de vivenciar experiencias profesionales de lo que aprendía en mi cotidianidad como abogado.


Más adelante vino el aprender a hacer (o al menos intentarlo) amena la clase, sobre la premisa de que lo interesante no está reñido con lo entretenido. Ayudó haber cambiado de materia (me dieron la oportunidad de ser adjunto de mi profesor en Derecho Fiscal, que era mi área de expertis) y de ahí a la actualidad; éste, ahora, es mi semestre número 69 ininterrumpido.

• Cap. II ¿Cuáles han sido las vivencias más importantes en este camino de la docencia?

Hablar de vivencias, es como traer a colación un anecdotario que a la vez es una recopilación de momentos de toda índole: desde los francamente chuscos, hasta varios de pena ajena y otros tantos que dejan huella en la memoria (algo así como para la egoteca personal).


Solo he faltado a clase el día después de que falleció mi padre en abril de 1998, porque estaba en su velorio. También más de una vez he llegado sin dormir por trabajo porque me he amanecido y, pues la vida continua en cada nuevo día.

Hace tiempo descubrí que puedo estar cansado, fastidiado, de mal humor, sin ganas de apenas moverme y la idea de ir a clase, que confieso, en ocasiones me pesa, de súbito, a penas llego al salón (aunque esté vacío) me entra un ánimo indescriptible y cuando ingresan al aula los alumnos y las alumnas se da una transformación en mi ser que me lleva a casi un paroxismo y de la nada me infunde un espíritu que cambia toda esa sensación mala en estar contento, ser otro y al finalizar el tiempo de la clase invariablemente acabo con nuevos bríos, totalmente con nueva energía.

Lo he dicho desde hace años: les robó la juventud a los y las alumnas sin que se den cuenta, por ósmosis (incluso aunque estén a penas atendiendo lo que digo -quién crea que los zombies no existen, que imparta una clase a las 7:00 am o a las 4:00 pm y se dará cuenta de lo que hablo-).

Ahora, recopilando tres aspectos importantes:

– Principales logros: Aprender a aprender y poder transmitirlo de forma sencilla que se entienda.

-Principales dificultades que he descubierto: aunque la gran traidora que es la memoria, hace que se magnifiquen y disminuyan los recuerdos, considero que las principales dificultades están en lo tecnológico y manejo de plataformas; a la vez, el no perder el sentido de lo importante que no es tanto la materia (ese es el vehículo), sino el formar personas

Se habla de la resiliencia de los alumnos, pero poco se platica de la que hemos vivido y tenido que lograr los profesores, adaptándonos a la realidad, en ocasiones sin prácticamente saber más que lo rudimentario de computadora u ordenadores (como les denominan en España).

-Principales retos: no quedarse estancado en el conocimiento (eso para empezar, de continuo); aprender nuevas tecnologías, para lograr enseñar lo relevante, bajo el signo u orientación del humanismo clásico.

• Cap. III ¿Cómo me veo como docente?

Podría decir que: como faro de luz en las tinieblas de la ignorancia…pero lo sé, sonaría muy pedante (lo es).

Podría decir que: me veo como «standupero” frustrado, que a falta de escenario utilizo el aula pero, mmmhhhh… tampoco.

Quizás sea una mezcla de búsqueda de entendimiento, de conocerme a mí mismo y una continua lucha contra mi propia ignorancia (como diría Sor Juana Inés de la Cruz: “no leo para saber más, sino para ignorar menos.”).

A lo largo de estos más de 34 años, me descubro pleno y feliz (con todas mis equivocaciones, errores, fallas y lo que me falta por aprender, en lo que me esmero día a día), tanto al preparar las clases para enseñar e impartirlas, como al escribir: dos diferentes vertientes de una misma narrativa, un mismo sentido a mi vida, a mi ser.

Soy un eterno aprendiz y «escribidor itinerante».

• ¿Qué tan satisfecho estoy?

Alguna vez leí un grafiti (en la pared trasera del teatro al aire libre Ángela Peralta, en Polanco, el cual permaneció mucho tiempo sin que fuera borrado): “Satisfacción…¿Existe?”

No, no estoy satisfecho y creo que nunca lo estaré.

En fin…

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