Cavilaciones

La vida, cómo viene se toma, se vive.


No hay opción, ni lamentos aunque sí momentos de decisiones, de desolación, de estar contentos, radiantes y, a veces, de solo estar.


Todo suma en nuestro devenir; es por algo a pesar que no sepamos las respuestas y ello nos frustre.


Cada día al despertar, aún y cuando no se haya tenido buena noche, por que se tiñó de insomnio, desvelo o pesadillas, el día que inicia es un nuevo comenzar con continuaciones del anterior.


Deseamos no tener días aciagos, ni malos momentos o tristezas que penar; pero es que no caemos en la cuenta ni acabamos de entender que no depende de nuestra voluntad el acontecer de los sucesos (a pesar que en ocasiones nosotros seamos quienes los provoquemos o participemos en su origen) y es que pueden tomar un giro inesperado, para bien o para mal.


Hay días calmos, y hay otros en que nos volvemos un marasmo dentro de un torbellino que arrasa con todo y nos arroja a instantes que parecen no terminar, sobre todo cuando duelen.


Pero lo que sí podemos decidir y controlar, es nuestra decisión y actitud, sin vacuas ilusiones, ni optimismos sin sustento, buscando que las circunstancias no nos arrastren a lo profundo de un agujero oscuro de depresión del cual ya no podamos salir.


La vida, como venga, a enfrentarla aún con miedo, pero arrostrarla con convicción de los pasos con que la viviremos.


En fin.

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