A manera de oración, en vísperas

Dios solo tú sabes el porqué.

Mi limitado entendimiento no me permite ver la grandeza de tus designios y por ende, tiendo en ocasiones a caer en el desconsuelo de no entender y sublevarme a lo que es un orden divino que no alcanzó a dimensionar, para después de mucho dolerme, recibir en el momento preciso, lo que me envías de diferentes formas y entonces, algo de comprensión llega a mí.

En ocasiones es una tenue luz que las más de las veces no distingo hasta que se ha difuminado, y otras, es tan poderosa luminosidad que irradia todo a mi alrededor y a mi propio ser.

Lloro, en la mayoría de las ocasiones, sin causa justificada y en momentos inesperados, no sé si de angustia, desesperación, frustración, desasosiego. Todo un cúmulo de sentimientos que solo afloran y se me salen por los ojos en lágrimas. Esa agua que sabe, como el sudor, a la mar.

Pero también me das momentos sublimes llenos de gracia que me permites apenas rozar y con ello cambias mi dolor por esperanza.

Creo en ti, más allá de mis torpes cuestionamientos, mis muchos dislates y grandes errores, porque reconozco en ti el consuelo del que nos da la vida y los dones que cada uno tiene, así como el rumbo por el cual ir aunque nos desviemos necios, una y otra vez, por sendas que nos hacen perdernos.

Tengo plena fe en ti; no solo por lo que son logros personales, que no es otra cosa que la expresión de tus bendiciones con las que me has colmado y que a veces Ignoro o doy por sentadas, sino por el amor que me profesas como el de un padre a su hijo. Y mira que me diste tu mismo a un padre y a una madre a los que aún, a 22 y 17 años de idos, sé bien que están gozando de tu gloria.

¿Sabes? Me es más fácil, no pocas veces, ver el dolor y la tragedia para sumergirme en lamentos, en vez de dar gracias por tu presencia continúa e invisible en cada acto de mi ser y hacer.

Resulta sencillo culparte de lo malo, hasta que me presentas la realidad para darme cuenta cuán equivocado he estado y es cuando caigo de rodillas para suplicar tu perdón que nunca me haz escatimado, lo sé por la generosidad que me concedes de tantas formas.

A pesar de mí, una y otra vez descubro tu infinita gracia y misericordia.

Ya se acerca tu nacimiento, aún en estos aciagos momentos, es hora de alegrarnos de la bienaventuranza que nos trae la buena nueva de tu nacimiento.

Gracias por tus bendiciones, aunque luego, como humanidad te crucificamos y lo seguimos haciendo con nuestros malos actos hacia nuestro prójimo.

Arrepentido pido tu perdón y me postro ante tu pesebre en oración, como la canción del niño del tambor…

Amén.

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