Breve momento de ocio al atardecer

De repente, en una tarde cualquiera en que se junta la lluvia con el estertor de la luz que queda del día, se me arremolinan los sentimientos y recuerdos. Surgen repentinos, varios pensamientos agolpados en la mente y fluyen desbocados hacia el cielo que llora.

En esta circunstancia, otro el horizonte y me doy cuenta que me estoy mirando a mí mismo y veo que ya estoy lo suficientemente viejo para parecerlo, aunque me sienta con bríos, aún como joven y hasta nuevo, en este mundo que con todo y pandemia no se cansa de traerme cosas bellas y noticias que alegran tardes grises como la que ahora me presenta el ventanal.

Hay algo de viento que no alcanzo a entender si quiere llevarse los dejos de melancolía o me quiere traer los aires del ayer para estar acorde con lo acerado de la tarde.

Va de a pocos anocheciendo y cavilo acerca de todo y de nada con el desorden que caracteriza desde siempre a mis pensamientos, que no cesan de ir y venir como las mismas ráfagas de viento, como mareas con el recuento de los recuerdos y que al irse dejan huellas para remarcarme, en el ahora, lo efímero de lo que soy y tengo.

Vislumbro el futuro no ya en mi persona, sino en los que vienen tras de mí, que son esperanza no de continuidad sino de la vida misma que les espera y deseo sea tan benigna como la que por fortuna me ha tocado vivir con todos los aconteceres que hacen que sea disfrutarle aún en el dolor, en el sufrimiento, no por fatal masoquismo sino por dejar experiencia que forja el carácter que hace gozo de todo lo que es bueno.

Tan solo una tarde, una de tantas como cualquier otra, en la que transcurre el tiempo calmo e imperceptible y solo se nota en cómo se torna cada vez más oscuro lo que antes era otro cielo, otra circunstancia, siendo el mismo entorno pero en diferente momento.

Mientras tanto, en este breve ocio en que al mirar afuera me contemplo e introspectivo reflexionó acerca del transitar del tiempo, me doy cuenta que como la noche ya se anuncia, así mi existencia, de a pocos, también va llegando a su ocaso y en algún instante dejare de ser y de alguna forma espero entonces volar al firmamento.

No estoy triste, solo reflexivo y consciente que seré polvo y olvido en el devenir, en el paso del tiempo.

En fin.

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