Tú en mí

Eres tormenta y me inundas lo sabes bien; pero en ti no me ahogo, al contrario, he aprendido que con tu aliento puedo respirar en ese inconmensurable océano en que te conviertes después de empaparme con tu amor.

Nada más cálido que estar en ti y rodeado de ti, aún en sueños, aún en la melancolía de tu recuerdo porque has marcado mi destino.

Invariablemente, siempre estaré atado a ti.

Te quiero, lo sabes, aunque estés lejos, aunque ya no sea; aunque no sienta más tú ser, ni el eco de tu palabra musitada o tú gemir en nuestro lecho, universo de ensueño que convierte el vacío en una presencia tuya y mía, ahora intocada, que no acaba aunque se haya terminado.

No hay un más, ni espera, ni esperanza ¿Que más da? Si estarás donde nada te puede borrar y ahí entre sueños, el consuelo de la eterna estadía, del siempre, donde no hay cabida ya para él jamás.

Donde sea, con quien sea, que invariablemente te vaya y estés bien.

Así sea.

En fin.

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