Solo un ejercicio lúdico de escritura para aflojar la mano y echar a andar la sinapsis

¿Qué podría salir mal?

Así empezó, para sí mismo el diálogo interno (introspección automática que estamos acostumbrados a hacer de manera inconsciente y que se incrementa en la oscuridad).

Aún era de madrugada y repasó lo que haría y había planeado de manera casi compulsiva.

Él mismo se respondió: nada. De hecho, todo estaba calculado.

Volvió a repasar, por enésima vez de manera acuciosa, cada uno de los detalles.

Continuo entonces con su plan, tal cual lo imaginó desde que le amaneció ese día.

De hecho, se sorprendió de haber despertado antes que sonara la alarma que día a día le hacía comenzar sus labores.

Hizo una inhalación profunda casi hasta reventar sus pulmones, aguantó unos segundos el aire y luego, lo exhaló hasta vaciar los bronquios y dejarlos como racimos sin uva, estiró cada músculo de su cuerpo, tras lo cual se levantó de la cama de un brinco, se calzó las viejas pantuflas y caminó al baño.

Lo que siguió a partir de ese momento, fluyó sin contratiempos.

Lo había logrado de nuevo.

Esto de despertar, siempre le representaba un gran dilema…

En fin.

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