Deceso

Las personas que se nos van para siempre, claro que duelen.

Dejan un inmenso vacío que nunca se llena, ni con la huella del recuerdo y menos con los momentos agradables que se vuelven lastres con enorme peso.

Huecos perforados en el alma, por donde se escapa la vida en infructuosa búsqueda, sabiendo que el pasado no volverá, y entonces aparece la nube negra de la melancolía, nostalgia sollozaste que ahoga.

Dolor incesante, perpetuo que solo en ocasiones se adormece, pero se va guardando y se acumula al paso del tiempo, en las profundidades de lo ignoto; luego, a fuerza de ser ola en la oscura marea alta, regresan en el momento más inoportuno, para presentar aciago lo que parecía, a la zas, olvidado.

Esa ola se desborda en borbotones, con su salinidad tan marina, en lágrimas que brotan desde allá, de donde se esconde el dolor que cala y por eso emergen con tan potente fuerza que detona sentimiento y recuerdo en maremoto que nos lleva y trae como hoja arrancada del árbol que vuela al viento.

Y así se vive el dolor, sin retorno a lo que fue.

Igual será para aquellos que padezcan nuestra ida al más allá.

No es tierra de lamentos, pero la muerte al fin también es parte de la vida en toda persona.

Nacemos con fecha de caducidad, tomamos conciencia de ello hasta la hora de la muerte.

En fin.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s