Suspiros al vacío

Y de pronto,
retorna una infantil esperanza, de un algo incierto,
que se convierte en asidero
en esta vorágine circunstancial,
que me trae de un lado a otro, llevándome casi al cielo,
para luego,
retornarme intempestivamente a un presente que es quizás,
sin certeza alguna.

Esta quimera irreal,
donde nada hay,
es incertidumbre que hace agonizar.

La sufro silente,
pues la expectativa del tal vez, es mejor
que la nada
de un adiós;
aunque ambos,
a fin de cuentas,
sean lo mismo.

A lo mejor,
de eso se trata el amor,
como la vida misma,
de nuevos comienzos cada día sin la certeza de qué sucederá durante el transcurso de una jornada.

Duele, pero es mejor que nada.

En fin.

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