Y ¿Cómo decírtelo?

¿Por dónde iniciar?

No es que falten ganas, ni menos palabras, sobra sentimiento; tengo que contener la inminente erupción que está por inundarme para explotar.

Permanecer tranquilo, aunque hierva, pues tu amable gesto, amabilidad sincera, no es más que eso.

“Conversamos”, intentó ser coherente pero es que es tanto lo que me presentas que me siento extraviado.

Tengo miedo de un final sin más y he preferido ser cauto, frenar mi pasión que sucumbir abriéndome ante ti, lo que soy, lo que siento.

Pero ¿sabes? Duele

Sé que te parezco extraño y te molesta, lo siento, no es la intención.

Basta un no rotundo, ese es mi grande temor, para que calles y no poder seguir al menos cerca de ti. Pero es que la inquietud no me permite estar en paz y solo conformarme con ello sin más.

Si nada hay, nada pierdo.

Solo pensar en nada, cierra la garganta que clama por gritarte ¡Aquí estoy! ¿Qué no ves?

Pasiones desbordantes que aniquilan por no poder salir.

Fuego que quema sin extinguir ni aquietar, solo carcome momento a momento.

No podía esperar.

Prefiero estar contigo; pero sin ti, estando a la deriva, resulta al menos cierto el abandono ya sin esperanza sabiendo que el alma surcará sin expectativas los desiertos del desamor, lo yermo del camino sin una gota de tu amor.

Con esa calma y dolor perenne, transitar la vida sin expectativa, hueco, sin amor; solo, pero con la convicción al menos de haberlo dicho aunque fueran palabras al vacío, sin eco.

Ahora, a continuar el andar.

En fin.

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