Acaeceres

Nada hay definitivo en la vida, ni nada es para siempre, pero invariable es el anhelo de la ilusión que así sea, aunque de antemano se sepa que no.

Se pretende que cada persona y situación, sobre todo si son agradables o beneficiosas de alguna forma, perduren.

Sin embargo, el acaso que el destino puso en suerte para que se conociera a alguien o se viviera algo, es pasajero, aunque dure varios años e incluso siglos; todo se va agotando y fenece.

Pareciera que como los alimentos, las personas y las situaciones llevan implícita la caducidad y por más que se quiera que no sucediera, termina y ya.

Nada de lo qué hay perdura, a veces ni el recuerdo y si después de centurias se rememora, llega un momento en que ya no hace sentido y el olvido, como el viento, borra los vestigios de lo que fue.

No hay pesadumbre, ni pesimismo; la realidad es lo que es, con independencia de cómo se quiera ver.

Creo que era Platón quien indica que el tiempo es el movimiento de la eternidad y que es en el presente donde ésta se encuentra, porque el futuro no es y el pasado ya fue, mientras que el presente es continuo, nunca deja de suceder aunque instante a instante deja de ser, es como una banda sin fin que siempre está.

Pues si así es, no queda más que hacer no que algo o alguien perduren, sino solo vivirlos sabiendo que en algún momento dejarán de ser o quizás seamos nosotros los que ya no estemos ni seamos.

Cavilaciones, mientras paciente espero…

En fin.

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