¡Ah, la vida!

¡Ah, la vida! Vastedad inimaginable para disfrutarla en gerundio, como debe ser: viviéndola sin banalidad pero si disfrutando de la misma en todo lo que trae: fatigas y relajamiento; penas y alegrías, dolor y placer…
Y luego, al tiempo, en lontananza, cuando se recuerda lo vivido, lo sufrido y gozado, nos damos cuenta lo pequeños que somos y a la vez lo que resistimos.
Toques de esperanza los hechos que nos placen; congojas lo que nos acontece y padecemos, en medio de lo cotidiano. 

Nuestro desarrollo se da en vaivenes oscilantes que nos hacen crecer o hacernos míseros hundiéndonos en mezquindad. 

Cada uno elegimos la reacción frente al devenir de los acontecimientos, en tan excitante viaje que dura a penas un suspiro.

Tan solo ideas al vuelo…

En fin.

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