De plegarias y maneras de orar.

En ocasiones, una plegaria se hace en silencio, clamando por ser escuchado; otras tantas, desgarrador grito que acalla objeciones e incluso a veces, son estridentes acciones, susurros transformados en inquietantes y obstinados actos que desquician cuando en verdad son manifestaciones suplicantes de ayuda desesperada.
Así es como con nuestros actos oramos en forma adecuada o inadecuada, propia o impropia. Así pedimos sin más, por la necesidad que tenemos de recibir consuelo, comprensión, cosas, deseos y tanto más.

No es lo mismo pedir por favor con la mejor de las formas posible, aunque no se nos de lo que solicitamos, que exigir a gritos se nos haga caso. 

Las maneras exactas cuentan, aunque el resultado no sea el esperado.

Igual es, supongo, con la oración donde se suplica, puede suceder que sea lo que esperamos o que no seamos escuchados (o así nos parezca).

No lo sé, cosas que se me vienen a la mente.

En fin.

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