Gratas sorpresas

Alguna vez escuché a alguien decir qué “no le gustaban las sorpresas ni en su cumpleaños”.
Disiento de esa idea.

La vida, aunque puede organizarse y ordenarse, siempre tiene imponderables así como situaciones de los más disímbolas que por más estructurado y anticipado que se quiera ser, sencillamente dan al traste con los planes perfectamente estructurados.

No pretendo hacer una apología del desorden o del dejarse llevar a ver que sucede o hasta dónde se llega o para en la vida; pero si estoy convencido de que varias veces las sorpresas, sobre lo que pensamos, definimos y hacemos, son lo que le da sabor a la vida, sea dulce o amargo y así se debe considerar y en su caso aceptar para tener alternativas a nuestros bosquejos de planes.

La existencia no es aritmética simple y fría; es más bien, permitiéndome un lenguaje burdo y torpemente “científico”, una serie de ecuaciones concatenadas con más de una variante y oportunidades para despejar incógnitas.

Y sea como sea su elaboración y resultado, a veces agradable, otras no, es de lo que se trata vivir.

No tirarse al drama, ni darse por vencido (aunque varias veces, es enorme esfuerzo); no pensarse invencible, ni todopoderoso; sino levantarse, sacudirse y continuar, así como también celebrar -sin aturdirse- disfrutar de todo el gozo que se llegue a recibir como bendiciones que confiere la vida; ambas, restañar heridas y disfrutar logros no son más que comediantes dentro del devenir de cada quien.

El tiempo que si bien, puede que no resuelva todo, si resulta ser un gran mimetizador y uno de los principales distoricionadores del pasado, que al recordar terribles o agradables momentos sorpresivos, al cabo de los años hacen que el panorama sea diferente engrandeciendo, por no decir que exagerando o disminuyendo, por no decir anulando lo acontecido al ser recordado.

Así entonces, cada suceso sorpresivo hay que buscar limitarlo a lo que es: sufrimiento o disfrute momentáneo. Luego, suspiro hondo, inhalación larga y profunda, exhalando para sacar todo, e iniciar de nuevo, igual que se inicia cada día.

Eso pienso, eso siento, eso intento en cada momento que se me suscita la fortuna con sus sorpresas en mi sino.

En fin.

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