Homenaje a mi Padre*

…y de repente, se hizo realidad la expectativa de tu muerte.Se me agolparon imágenes de tu fallecimiento y comencé a pensar que hacer.

En eso, tu distante cercanía me pedía no abandonarte y hubo experiencia viva de dolor, preocupación, algo de angustia por ti y por quienes fuéramos tus deudos.

Cada humano, una historia. 

Todos tenemos alegrías y sinsabores.

La idea de tu ida se me hizo tan presente, tan real, que me puse a elaborar tu ausencia.

¿Por qué los padres no son eternos?

No fue grato pensar en tu partida; pero ese acercamiento a la sola expectativa me ensombreció mente y sentimiento.

Por un instante pensé que tenía tu vida en mis manos y esa responsabilidad no me agradó, pues el solo pensar en errar y que te costará la vida me provocó algo que si bien no alcanzó a definir, sí estoy seguro no quiero volver a pasarlo.

La sola idea de perderte, te confieso, no me dio miedo como cuando tenía diez años ¿recuerdas? Ya lo habíamos platicado; pero si me causó pesar a la vez que me dio pauta a pensar en quienes dejarías.

Tu descanso de esta vida, es nuestro pesar, más de unos que de otros, pero ese egoísmo o mezquindad de tenerte, nos hace padecer.

Era yo frágil cuando niño; parecer ser que ahora, al perderte me hizo recobrar esa fragilidad.

Cómo es la vida que quien me cuidó y veló tantas veces, convaleciendo, fue tan dependiente, tan débil, al fin y al cabo tan humano.

La dimensión de la idea del padre que nos parece de niños inmortal, dio oso a la realidad de un mortal que algún día finaliza sus días como cualquiera otra persona, como uno mismo.

¿Sabes? Tenías tanta razón cuando me decías que ya no me hacías falta, al darte mis convicciones de porqué sí me afectaría tu ausencia. Pero si bien ya no te necesito para vivir mi destino, estabas equivocado en cuanto a que toda mi vida te he tenido y esa costumbre ya es imborrable.

Soy en parte tú.

Créeme tu ausencia me dolerá de continuo.

Crecer es, en cierto sentido, ir muriendo.

No pude evitar tu partida, no soy tan necio ora pensar que está en mí; lo sucedido me ubica en la realidad, esa que todos queremos olvidar o pensar que no existe.

Lo más curioso, el colmo, es que la muerte también es una experiencia de vida.

En tu lecho de muerte mientras todo sucedía a una velocidad incomprensible, se me agolparon osado y presente y el hombre a tu lado dio paso al niño, lo que afloró el recuerdo e hizo abrir el sentimiento dando pauta a tanto y tanto…que como siempre sucede, se desborda por lo ojos.

Creo que el sentimiento ése, ha de ser líquido porque siempre, de una u otra forma, se desborda para salir como llanto.

Regresé a este presente, a la realidad y tú estabas ahí postrado, y sentí congoja no se si más por sentirme débil o por la tristeza de así verte.

Y se fueron sucediendo las cosas.

Quizás estás líneas sean una forma de elaborar mi sentimiento y entender que dejaste de existir, lo que me hace reconocerme como mortal.

No hice algo que valiera la pena por ti y el tiempo sigue transcurriendo.

Mañana, lo sé hoy que ya es de noche, será otro día.

¡Cómo pasa la vida tan vertiginosa!

* Este texto es una parte de lo escribí en 1998, en el ínterin en que mi padre estaba desauciado y cuando falleció. Con todo aprecio y respeto, transcribo una parte del mismo, para alguien que ahora lo necesita y espero, si bien quizás no le reconforte (no intento un bálsamo o algo así), de menos sepa que en este trance de vida, todo sigue su continuidad, con todo y el pesar, hay que echar pa’lante. ¡Arriba ese ánimo!

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