Reflexión a manera de manifiesto 

¿Cuántas veces hago las cosas, en verdad por convicción, pero esperando ya sea que la otra persona me corresponponda, sino es que anhelante de recibir reconocimiento?Y en no pocas ocasiones; sin embargo, no sucede y me frustra.

Reflexiono y miro, con agobio y reconozco, que tengo un ego mayor al que pensaba; porque esperar algo, y que no se de, me provoca pesar.

¿Entonces?

Después de intrincadas reflexiones, por fin me doy cuenta.

Simple.

Continuar haciendo las cosas por convicción, como siempre, como hasta ahora, pero eliminar el factor del “esperado incentivo externo”, en forma de retribución no material como agradecimiento, reconocimiento, o que haya una correspondencia de quien reciba lo que hago o doy.

Y ya.

Sí es que por alguna razón se da la ya no esperada respuesta (como cuando se saluda y no se corresponde o cuando se narra un chiste y nadie se ríe o cuando haces algo por alguien, apoyas, que se yo), será maravillosa y grata sorpresa, bien aceptada; sino, tan solo sonreír y a continuar con la misma convicción, aunque ese diálogo con o sin palabras no se de.

A fin de cuentas lo importante no es la retribución, sino la convicción que genera estar bien con uno mismo y en paz sin afectar a los demás pero tampoco afectarme por falta de una respuesta esperada.

La divisa en la vida, mientras se viva, es hacer lo que sea menester realizar por convicción, sin más. 

De eso se trata esto de ser y estar.

En fin.

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