Hastío

Tarde tranquila, el sol agradable entra por todos lados con su luz y calor aletarga los sentidos.
El astro rey es quien llena el vacío en el cuarto -living room, dirían los versados- 

Sí, la palabra exacta es vacío. 

Vacío en el hastío que la relación -pasión trastocada en costumbre- se hace presente en cuanto los amantes están juntos, como ahora, sin siquiera poder cruzar miradas, menos palabra alguna, ni las de un formulismo vacuo pero necesario en cualquier relación humana.

Se han desgastado tanto sexualmente que ya ni se apetecen aunque sea para matar el tiempo.

Sus cuerpos antes mutuamente tan deseados y que los encendía en forma inaudita con solo imaginarse, ya ni les provoca ni se desean.

Conocerse tan profundamente les ha hastiado; y como fue pasión carnal sin convicción de un algo más, lo que los atrajo como insectos a la luz caliente, igual los llevó a la trampa de un supuesto “para siempre”, en donde quemaron su ser, pretendiendo llenarse con solo caricias sensuales.

En realidad desde el inicio hubo ausencia de palabras lo que ocasionó la ausencia de todo lo demás. Nunca entablaron diálogo más allá de lo efímero de tener sus cuerpos entrelazados, que al principio fue torrente incandescente de lava que bullía, pero que de a pocos fue enfriándose hasta solo ser roca volcánica, que pétrea los fosilizó hasta convertirlos en meros maniquíes articulados que coincidentes estaban en el mismo cuarto, como en caja de zapatos, sin siquiera convivir.

Qué triste la ausencia de amor, que hace extraños a quienes creían conocerse y que en formas primitivas se comunicaban con sus cuerpos pero que terminan por extraviarse ensimismados en un entorno de nada, pues no construyeron lazos más que con el cuerpo, sin intentar jamás buscarse el alma.

Nunca se conocieron los sentimientos, ni se tocaron el corazón para explorarse su esencia y no solo explotar su lívido hasta agotarse.

Por qué decidieron hacer vida juntos, si solo fueron instantes ígneos, llamas vacías, cuerpos sin espíritu?

Tal vez miedo a la soledad; pero, oh paradoja! conformaron e invocaron la soledad con sus ausencias.

Tarde tranquila, el sol agradable entra por todos lados con su luz y calor aletarga los sentidos, pero ya ni lo sienten, pues son entes sin conocerse.

Los amantes, ya ni siquiera pueden darse ese adjetivo.

Tarde tranquila, el sol va feneciendo para reposar y ya nada más. 

Va apagándose el día como alegoría de la muerte de los sentidos de dos que fueron uno en lánguido deseo y ahora son solo eso, solo dos, cada uno por separado sin más nada en común que la rutina de la costumbre.

En fin.

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