Delicuescencia

Ando delicuescente en los albores de este 2016, será porque a penas el cuerpo se va recuperando de la leve resaca en que se ciñó después de la celebración por el año nuevo.Pero mi pensamiento, siempre vagante se fija de un momento a otro en imágenes que logro atrapar al vuelo.

Se me presenta, de la lectura que estoy haciendo, un lago quieto donde el agua cual espejo distorsiona los objetos que refleja, diría que casi los rompe e intuyo que así nos vemos en la vida: una imagen distorsionada hasta rompernos aunque andemos de una sola pieza que parece inmutable, claro, hasta confrontarla con la realidad, al igual que las imágenes reflejadas en el agua.

No se a que viene todo eso, solo que me discurren diversos pensamientos en mi letargo.

Hace unas horas, mientras me bañaba y el agua mojaba mi cuerpo, pensé en los ciclos del tiempo; y con la entrada del 2016 veo que este nuevo inicio, como en su momento lo fue el año anterior recién ido, es exactamente lo mismo, aunque más largo, que un solo día: inicia y concluye, por supuesto en forma más rápida, pero a fin de cuentas renacemos al despertar y nos vamos cansando al anochecer a veces pretendiendo no detenernos, pero el sueño nos vence en esa muerte temporal hasta el siguiente día y así cada 24 horas…pero nos pasa en forma inadvertida, por la velocidad en que acontece… excepto si se sufre por algún pesar que entonces parece que todo se detiene y uno se hunde en arenas movedizas que ahogan al ser pero sin que que logre desaparecer.

Todo pasa y todo queda, ya lo dijo Serrat.

Lo ido ya no está, tal vez solo en el recuerdo, pero de continuo se vienen situaciones, circunstancias, personas y cosas nuevas que nos hacen renacer y empeñarnos en nuevos afán es y derroteros, hasta que no haya ya más, únicamente para los que sigan en este mundo.

Insisto ando delicuescente, trasteando la página como si se tratara de guitarra, para buscar la tonada ideal para este momento, pero no tristeando, aunque a base de pensar en este silencio las ideas y sentimientos danzan hasta volar y encaminarse para donde sopla el viento.

Yo tan solo elaboro obras fugaces que recreo en palabras que pasan por el tamiz de mi cerebro pero que se construyen en mi corazón (ambos cacharros ya entrados en años, que aunque a veces lentos, todavía andan); luego, lo suelto a donde se encaminen a un destinatario o destinataria final, que las más de las veces es el aire donde se difuminan hasta dejar de ser.

Como sea, doy la bienvenida a este ciclo y espero ser bien recibido en el mismo, haciendo esfuerzos con ahínco, para que así se vaya logrando.

En fin.

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