Calma

Se dice que después de la tormenta llega la calma.

El día de ayer fue de esos que no se esperan, ni se desean, pero que hacen que el ajetreo cotidiano se detenga y haga que se tenga una parada forzosa.

Calma, que tiene su origen en bochorno, es esa tranquilidad -paz- que aquieta, pero también después de ciertos acontecimientos es momento de repaso de lo sucedido y motivo de reflexión, acerca de recordar cosas básicas, esenciales que olvidamos tan fácilmente en la borágine del acelere diario en el que inmersos perdemos de vista lo importante que es la vida misma, sin más y nos enfocamos en frívolidades y banalidades, descuidando algo tan frágil e inestable que en cualquier instante puede acabar y ya no hay más… al menos en la realidad que nos es conocida.

A veces los acontecimientos son verdaderas llamadas de atención para ubicarnos.

Lástima que las más de las veces, resultan ser fuegos fatuos que una vez concluídos se retorna a la oscuridad del vacío existencial…

Pero en este caso, una serie de circunstancias se han conjugado -cual olas que me golpean- y me llevan a recapacitar y reorientarme a lo esencial.

No es solo un instante, sino un comienzo orientador.

Al tiempo…

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