Tarde dominical

El sentimiento de más aprensión es el de domingo cuando la tarde empieza a dirigirse hacia la noche, que anuncia el fin de semana y la víspera de un nuevo inicio de trabajo.

Todo en la vida son cíclos e irremediablemente se cumplen; la otra opción es decir, no cumplirlos en mi opinión, no es viable, porque no es ir contracorriente sino sencillamente ya no ir e inclusive no ser, no estar.

La rutina, tan vilipendiada, realmente es lo que los da estructura y sentido, así quemas vale tener una para estar en paz y poder tranquilamente ajetrearnos a tal grado de padecer los domingos que terminan, para entrar en el siguiente “ciclo Godínez” y si bien no estar orgulloso de ello, tampoco sentirse esclavo o víctima.

Insisto, es preferible ser a no ser y no se trata de conformismo sino de ganas de querer hacer en verdad algo y estar convencido de ello.

Pero el tema es la tarde de domingo, con lo que representa: transición o retorno, como quiera mirársele que crea sensaciones que solo conocen quienes laboran, sea como estudiantes o como trabajadores o ambos.

Los demás, plácidos les transcurren estas horas quietas sin más; pero los que trabajamos sabemos que está por concluir el que fue breve descanso, espacio de libertad y momento de disfrute, que por cierto, sin la bendición del trabajo, no existirían.

En fin. 

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