Creencias.

¿Qué si acaso -solo si acaso- resulta que lo que se nos inculcó no sea verdad?

Entonces ¿Qué da sentido a nuestras vidas?

Cada uno toma su rumbo en la vida (considerando que se es producto de las circunstancias, pero también que se tiene libre albedrío) y sabe lo que trae en el fardo a cuestas, pero es un hecho que nos estructuramos con base en las creencias que se nos inculcan desde pequeños. 

No es lo mismo un niño creciendo en Japón, en Vietnam del Norte, en Cuba, en Estados Unidos de América, en Lituania, en México o en el seno del llamado Estado Islámico.

Se menciona que hay principios universales, derechos humanos, y qué sé yo. Pero es un hecho que aunque en esencia las personas somos lo mismo, no entendemos igual determinadas cuestiones, en Occidente que en Oriente, en el Norte, que en el Sur. 

Por cuestión de ideologías que desde pequeños se nos revelan cómo verdades únicas, actuamos en consecuencia; sin embargo, cuando se tiene contacto con otros individuos -incluso dentro del mismo sistema social- nos damos cuenta que, más allá de lo superficial y anecdótico, nuestra forma de ver las cosas es tan diferente.

De ahí que ¿cómo podemos hacernos entender, incluso más allá de las palabras que pueden ser traducidas o incluso sin ellas?

Parece ser que la clave es la empatía sublimada; es decir, para comprender al otro, no solo se requiere tolerar -mínimo grado de entendimiento- sino avanzar a una integración para buscar la convivencia (siguiente grado, que se consigue con una educación inclusiva, que lo solo se refiere a la instrucción en centros de aprendizaje), e ir a lo que se denomina en la religión católica caridad o como se entiende un poco más aterrizado, amor.

No es cursilería.

Cuando buscamos en verdad bienestar, el bien común de lo que se trata es de tratar de igual a igual al individuo, de no maltratar a los animales, de no afectar el entorno, ni dañarlo, sino buscar conservar esto en que vivimos todos llamado tierra, de tomar conciencia del otro y de lo otro, para tratarlo como todos debemos serlo: bien procurando desarrollarnos como seres humanos en un lugar propicio para ello.

Mientras no haya amor, nada ni nadie importa.

Con todo, a final de cuentas hablamos de amor. Sin ese ingrediente nada hay de fondo que pueda lograr estar bien entre nosotros y no hay convivencia y es fácil ser intolerante, de ahí a los ataques y destrucción solo breves pasos.

En fin.

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