Hasta tu retorno.

Andar en tu recuerdo, esperando con el vacío de tu cuerpo junto al mío, y buscar en la oscuridad y el silencio de tu ausencia a que retornes.

Así, frenando mis sentimientos, reteniendo el tiempo en mis suspiros, tanto como me dure la vida, para que por fin estés aquí, aunque sepa que no vendrás.

Es solo que estoy aquí, por todo lo que fuiste en mí.

En el vacío de mi lecho que tiene impregnado tu ser, recorro los recuerdos que todos en forma redundante se transforman en ti.

Nada hay más que tú, y así se quedará hasta que vuelvas.

Aquí estaré. 

Espero por ti, solo por el tiempo que me quede de vida; y luego, migraré a la nada que es de donde provengo. Es decir, retornaré a mi origen.

Tú fuiste quien me sacó de ahí y con tu partida allá regreso.

¿Vendrás?  Tal vez ya nunca más.

Será entonces que guardare mi alegría para sobrevivir con ella ante lo aciago de tu ausencia, invocándote en oración a cada amanecer y terminando cada día con una plegaria por ti.

Es la forma que permanezca intacta tu presencia en mi, aunque ya jamás estés.
 

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