Tiempo de descanso.

Tiempo de descanso
Como lo precisa el Eclesiastés: 
“Todo tiene su momento y su tiempo bajo el cielo.
¿Qué gana el que trabaja con fatiga?”
Respondo: Nada.
Hay una cultura en no pocas personas -workaholics- que parece que profesan un acto de fe: hay que trabajar de menos 14 a 16 horas diarias, sin importar nada más y preferentemente no tener tiempo de descanso más allá de lo apenas necesario para la natural reposición de fuerzas y ya, sin importar nada, ni nadie más. 
Pero considero que para que haya un equilibrio, debe haber un tiempo de trabajar y un tiempo para descansar, si no ¿Qué importa?
Ahora es momento de quietud, de ocio puro, donde todo transcurre calmo sin pretensiones, solo de existir en un momento placentero, disfrutando de ello.
Si no hubiera estos instantes para dedicarse a uno mismo y también para convivir ¿Para que tanto afán?
Continuo con el Eclesiastés:
“He considerado la tarea que Dios ha puesto a los humanos para que en ella se ocupen”.

Bajo el tenor de esas sabias palabras, las tareas que a cada uno nos corresponden habremos de realizarlas con ahínco y amor; bien hechas, para estar satisfechos, pero eso no implica absorbernos exclusivamente en el trabajo hasta enajenarnos en el mismo, porque también debemos vivir y eso implica realizar otras actividades, convivir y descansar, en pocas palabras buscar y encontrar el bienestar.

Y no lo digo yo, me vuelvo a remitir al Eclesiastés:
“Él ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin.
Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en su vida”.

Ya encarrilados en esa parte de la Biblia, es conveniente recordar:
“Y que todo hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios.

Comprendo que cuanto Dios hace es duradero. Nada hay que añadir ni nada que 
quitar. Y así hace Dios que se le tema”.

Luego entonces si es menester trabajar, también lo es el descanso, más allá del suficiente para reponer fuerzas; se requiere del ocio para que en el mismo el ser humano complemente su desarrollo: introspecte, se conozca a sí mismo y a terceros.

Finalmente, tal vez nada cambia y no hay nada nuevo bajo el sol, pero ya que estamos aquí en este mundo nos toca vivirlo, lo mejor posible.

Ya lo menciona la Sagrada Escritura:

“Lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es. Y Dios restaura lo pasado”.

En fin.


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