Nada es para siempre

¿Cuántas veces he escuchado esa frase?

La primera vez, hace ya variso años, en un promocional del canal 40 de la Ciudad de México. 

Ese canal tenía varios cortos -entre sus programas- todos ellos muy interesantes, que promovían la reflexión. 

Luego la he oído o leído en otras ocasiones y retomo la reflexión original, a raíz de un comentario que en un curso sobre el desapego, dio la Dra. Gilda Darlas.

Habló ella de varios temas en derredor, de los valores que son imposiciones culturales, no algo implícito al ser humano; es decir, se nos condiciona desde chicos a creencias irreductibles, que son juicios de los cuales la mayoría de las personas jamás se desprende de ellas y muere con mitos inamovibles que le hacen mirar la vida en una perspectiva de mitos absolutos.

Luego, por una tarea de una de mis hijas, la acompañé a Teotihuacán, donde recibimos, en un par de horas, un análisis acerca del “falso histórico” que nos dio su profesor el Historiador Alberto Hernández, de como por motivos turísticos y de una ubicación en una identidad nacional, ese sitio arqueológico del periodo clásico que se  abandonó por ahi del 900 D.C., es un “fachadismo” que recrea, más o menos, inventado -o si se prefiere, reinterpretado, en los 50´s y 60´s, bajo hipótesis sin auténtico sustento- de lo que fue ese que algunos estudiosos piensan es el mítico Tollan -y no Tula, como otras más lo creen, que pertenece al pst-clásico-

En esa visita guiada, con diversos conceptos, así como revisión del entormo, nos explicó el “falso histórico” que lleva esa gran escenografía, que a partir de ruinas, reconstruye en una interpretación del siglo XX, lo que en verdad no se sabe a ciencia cierta que sea como lo presentan a turistas de todo el mundo y a los propios mexicanos. 

El profesor Hernández no critica el que se haya reconstruido -de hecho explicó que varias ciudades de Europa, incluyendo monumentos y edificios históricos, tuvieron que reconstruirse- sino que se hizo en no pocos casos sin un sustento documentado que avale lo realizado por los arqueólogos y además que no se le explique a la gente y se haga la aclaración acerca de la reconstrucción -si es que se hace saber, lo cual no sucede muy a menudo-  para que quede claro que es lo reciente a partir del siglo XX y que en verdad es lo que hay que data de hace más de 1,100 años, partiendo del nombre, el cual selo pusieron los Mexicas, pues nadie sabe a ciencia cierta como se llamó ese lugar.

Además explicó que en ese lugar había un gran bosque, el cual se desoló para construir ese centro urbano, erosionando el ecosistema, lo cual hace ver la falacia del supuesto respeteto al entorno que había en los pueblos de mesoamérica.

Ver esas ruinas, donde existen en realidad, comparado con lo reconstruido y los inventos que hicieron los que reconstruyeron con fines turísticos, hace ver que aún la más poderosa de las construcciones, no resiste el paso del tiempo, menos las personas.

Así que, me hace retomar la frase: nada es para siempre, y por ende cuando hablamos las personas en función o clave de tiempo, externando una vana eternidad, esta es desmentida por la finitud de la existencia.

Los siempres, son solo anhelos inoperantes, breves eternidades que se diluyen y desaparecen, tan fugaces como la vida misma, por más que lleguen a futuras generaciones, siempre se difuminan y desaparecen, al igual que las personas.

Y de aquí me salto al dolor y sufrimiento, cuya distinción es el sentimiento que se da por el hecho acontecido, que lastima -dolor- mientras que porque no hay desapego y se nos enseña a transitar en vida con las cargas de la aflicción, mantemos un lastimero sufrimiento, so pena de perder una supuesta identidad, que nos dan los valores, cuando lo que debieramos tener es un desapego de las cosas y las personas, sobre la premisa misma: nada es para siempre y si todo acaba, insisto, como la vida misma, entonces, es mejor estar conscientes de ello (desapego) y vivir en el ahora de continuo, previendo, para un posible futuro que tal vez no llegue, pero cuando se convierta en presente -lo cual sucede de continuo, a cada instante- estemos aprovechándolo, construyendo día a día lo que somos.

¡Hay tanto que reflexionar!

Los conceptos son muchos y debo estructurarlos, comprenderlos, asimilarlos, para reconstruirme y no perderme.

En fin.

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