Pasajes

“¿Puede un hombre defraudar a Dios?” -Malaquias 3,8-

“¿Es lícito pagar tributos al César?…enseñadme la moneda del  tributo”. Le presentaron un denario y Él les preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?” Ellos contestan: “Del César”. “Entonces, pagad al César lo que es del César y lo de Dios a Dios”. -Mateo 22, 17-21-

“Sométanse todos a las autoridades constituídas. Porque no hay autoridad sino por Dios…Por lo tanto es necesario someterse, no solo por miedo al castigo, sino también por deber de conciencia. Y por eso mismo, pagádles también los tributos…Dad a cada uno lo debido: aquien el tributo, el tributo; a quien el impuesto, el impuesto; aquien el respeto, el respeto y a quien el honor, el honor”. -Romanos 13, 1, 5-7-

“Os hacemos saber también que no se podrán imponer tributos, impuestos ni gabelas a ninguno de los servidores de Dios…instituye jueces que administren justicia a todo el pueblo…Y todo aquél que no cumpla la ley de tu Dios y la ley del rey, aplíquesel rigurosa justicia…” -Esdras 7, 24-26-

“Desnudo salí del seno de mi madre y desnudo volveré a él. Yahveh me lo dio, Yahveh me lo quitó. ¡Bendito sea el nombre de Yahveh!” -Job 1, 21-

“¡Vanidad de vanidades. Todo es vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que se toma bajo el sol?”. Eclesiastés 1, 2-3-

Pasajes de la Biblia que, con independencia de creencias, tienen conceptos que hacen reflexionar, al menos a mi.

Suelo, de vez en vez, leerla.

De hecho tengo varias -una que traigo por todos lados, otra en la oficina, una más en la casa y otra en el carro-

En ocasiones vale la pena tomarse un tiempo para con su lectura meditar, o de menos tranquilizarse.

Un amigo me recomendó leer diario un capítulo de Proverbios -son 31 en total- conforme la fecha correspondiente, reconozco que no he seguido a pie juntillas la sugerencia, pero cuando he tenido la oportunidad de hacerlo, en cuentro razones a situaciones que me ocurren, comprendo determinadas cuestiones, o me desconciertan otras tantas.

La lectura de cualquier libro nos enriquece y cambia; amplía nuestro horizonte, nos da conocimiento, nos educa. La lectura de la Biblia, en ocasiones transforma.

Para escribir, con las menos faltas de ortografía y una adecuada gramática, a demás de redacción, se requiere leer y leer. Creo que esto es igualmente aplicable para lo cotidiano, es decir, para ir escribiendo nuestro propio libro de vida y tener la oportunidad de no convertirnos en una fe de erratas.

No sé, solo pensamientos que se me vuelcan.

En fin…

 

 

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