Libros “de temporada”. Lista de los más recientes, en mis manos

Me hicieron favor de obsequiarme tres libros, con motivo de las festividades Navideñas.

También compré otros tres, y conseguí, después de mucho buscar, solo en PDF, un cuarto que no localicé de otra forma.

Los que adquirí, fueron: “La Noche en que Frankenstein leyó el Quijote. -La vida secreta de los libros-” del español Santiago Posteguillo; “Arrebatos Carnales, III” de Francisco Martín Moreno, continuación, ahora en sábanas verdes, -los dos anteriores las tenían rojas y blancas- de la saga de biografías noveladas de diferentes personajes en la historia de México, y “Dios nunca parpadea” de la periodista americana Regina Brett.

EL primero y tercero ya los terminé.

Me gustaron mucho.

Cada uno cuestiones diferentes, que después de terminarlos me dejaron satisfecho, aunque con el dejo de tristeza de saber que concluyeron.

Gracias al primero de ellos, descubrí al que luego obtuve en PDF. Pero no por ello fue lo único bueno de ese libro, sino además, los relatos cortos de diversos aspectos en la historia de los escritores, que narra, en forma interesante y amena el autor, algunos chuscos, otros complicados, alguno más dejando en la noche de los tiempos, el misterio y velada cual será la verdad, etc., pero todos los capítulos interesantes.

El libro “Dios nunca parpadea”, una colección de cincuenta relatos -en su momento, columnas escritas por la periodista- varios de ellos, exquisitos y que me llevaron a reflexionar.

Lo que ese libro me dejó son reflexiones de todo tipo, para aplicar en la práctica, así como reforzar la convicción en varias de mis conductas, conforme actuó, en el trabajo, en clase con mis alumnos, con mis hijas, en la vida en general.

El que obtuve en PDF es la novela corta de Julio Verne: “París en el siglo XX”, escrita en 1863, que fue editada, por primera vez, hasta 1994, es decir más de 130 años después de que la escribió, gracias al descubrimiento fortuito de un biznieto del autor.

Un libro, como todos los de Verne, adelantado a su época (imaginen que habla de internet, de los trenes urbanos, de los automóviles que saturan las avenidas, de los grandes almacenes que de noche permanecen iluminados, de la velocidad con que se viaja para llegar de un lado a otro, etc.), aunque por su visión obscura (todo es tecnología y ciencia: lo único que cuenta y se valora es el dinero y lo que deja ganancias. La literatura -excepción de la que se refiera a tecnología y ciencia- la filosofía y ciencias humanas, no se estudian o lo hacen personajes raros y marginales y las bibliotecas, plagadas de esos textos técnicos y científicos, al igual que el teatro y la vida en general, la música y hasta la poesía solo se refieren a esos temas. La educación se tiene en colegios que son grandes consorcios, obvio, que preparan científicos y técnicos) y por lo mismo, es que fue rechazado por su editor, y no lo vio en vida publicado.

Esta novela, de hecho, es la segunda que escribió después del éxito de “Cinco semanas en globo”, pero su editor le auguró un rotundo fracaso y por ello acabó arrumbada en un cajón de su escritorio en el estudio que tenía en su casa.

Por lo que se refiere a los libros que me regalaron, dos de ellos (“Patrimonio Aerofotográfico, memoria del mundo de México” y “Yucatán, la tierra del Mayab”), preciosas y enormes ediciones (por su contenido y tamaño), una de las cuales me hizo favor de enviármela un ejecutivo y amigo, José Luis Delgadillo, de una gran empresa; y el otro, el despacho de un extraordinario buen amigo y exalumno, Sebastián Patiño, ha sido un gusto hojearlos, por su contenido plagado de hermosas y poéticas fotografías, que en una sentada, cual chamaco con su primer cuento con imágenes, se pasa momentos agradables y así se transcurren las horas.

Un tercer libro, “Crímenes” de Ferdinand Von Schirach, me lo obsequió la Dra. en Derecho, Norma Angélica Ortíz, apreciada amiga con la que en poco tiempo, he compartido momentos profesionales interesantes y que estamos a la caza de oportunidades para cuando haya la oportunidad de trabajar juntos.

El libro, que contiene once narraciones de casos penales que llevó el autor, es en verdad de lectura fácil y dinámica por como el escritor narra los sucesos y atrapa los sentidos de inmediato.

Cero tecnicismos y solo cuando la situación lo amerita hace referencias sencillas y simples a cuestiones profesionales, en un lenguaje ameno.

Las lecturas que mayormente disfruté son las que se intitulan: El Erizo, Summertime, El Etíope y Fähner, aunque todo el libro es un deleite que hace que sea difícil despegarse de él y solo para los casos necesarios en que se requiere, y cuando se acaba, causa pesar que no continúe con más relatos.

De esos libros peligrosos, cuando se tiene trabajo o actividades por realizar, porque son un gran estímulo distractor.

Confieso que leo lento pero a pesar de ello lo terminé prácticamente en tres días en que me hacía espacios antes de levantarme o antes de dormir para continuar su lectura y cuando me separaba para llevar a cabo lo que hay que hacer en la jornada, tenía esa sensación, que sabrán los que gustan de la lectura, de cierta angustia por regresar en cuanto se pueda a devorarlo voraz por la adicción que me creó.

No me queda más que recomendarlo y agradecer a Norma Angélica el regalo, cuya lectura fue una experiencia que disfruté.

Finalmente, anteayer por la noche, ya cuando me encontraba en la cama, rompí la cubierta de celofán de “Arrebatos Carnales III”, el cual me propuse comenzar, pero el sueño me venció, luego el viernes el trabajo no me permitió su lectura en momento alguno, y será, espero, el fin de semana en los ratos que pueda, que por fin lo pueda gozar.

Lo último que leí de Francisco Martín Moreno fue en junio y julio, “En media hora la muerte”, libro en el que narra la historia de sus padres y abuelos, que indagó, después de la confesión que en 2011 -sino recuerdo mal la fecha- le hiciera un tío suyo, por quien descubrió que por el lado de su madre es de ascendencia judía.

Es de los libros que más me ha gustado de los que de él he leído, aunque en un acto de sinceridad, he de decir que no todos los que he leído de su pluma, han sido de mi total agrado; es más creo que tengo una relación de gusto-disgusto con sus libros, aunque en el balance general, me resulta positivo, entretenido y por ende lo sigo leyendo.

Seguiré en mis actividades diarias, encontrando espacios que robe al sueño o a los fines de semana para continuar esos viajes que únicamente los libros nos pueden regalar.

En fin…

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