El corbatín de los viernes. Manifiesto.

Me encuentro en una disyuntiva.

Ojalá fuera por algo trascendente, pero en honor a la verdad tengo que admitir que no es tal.

Más allá del ser o no ser, aquí la cuestión más terrena y cotidiana -pero no por ello menos importante- es seleccionar que corbatín iré a llevar el viernes.

No se tome a chiste, no es algo menor, ni tampoco solo cuestión de frivolidad consistente en verse o no bien; combinar o no; estar a tono o no.

Es, una forma de plantarse ante la vida, en lugares donde los convencionalismos sociales y el temor al ridículo y al que dirán, campea por sobre cualquier otra decisión e incluso rebasándola y campeando, para acallar cualquier posibilidad de ser diferente o al menos intentarlo, no como objetor social sino para posicionarse a uno mismo.

Entonces salir con algo que no está del todo fuera de los cánones, pero tampoco muy dentro de los mismos es desconcertante y poco común.

Y no se trata solo de sobresalir, eso cualquier tonto ingenuamente lo busca y en un momento dado, capaz que hasta le sale, pero no es relevante.

Aquí lo relevante es ser, como uno quiere ser. respetando a los demás, pero a la vez fijando una postura decidida: porque soy, puedo y, en consecuencia, lo hago porque me place y lo disfruto.

Así que, la selección de la pajarita -no está por demás decir, debe ser de las que uno mismo hace el nudo, sino ¿qué chiste tiene?- conlleva tanto en tan poco, que es expresión, a la vez que manifiesto callado, pero atronador de ser quien se es, sin ostentación ni falsas presunciones.

Un aquí estoy, presto a lo que venga y a salir bien.

De esto también se trata la vida. Lúdico, que no burlón, gozar la existencia y disfrutar que se está vivo.

Esta ocasión la elección se pospone, gracias a un obsequio inesperado que me compromete gustoso a usar una corbata de moño la cual ya disfruto usar, antes de ponerla al cuello y hacer el correspondiente nudo que le de la vista clásica.

Y después de disfrutar portarla, será
tiempo de trabajar y ser empeñoso; por lo de hacer gustoso la faena aunque sea ardua y hasta que Dios lo permita.

Así que, uno, dos tres, a comenzar…

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