Una historia de amor, que no fue…(5)

Recuerdo que me dijo que el miedo que sentía, no era por el pasado de ella.

Me afirmó que ese no era el punto, ni tenía objeción.

Le pregunté, ya interesado en verdad en su narración, entonces ¿a qué se debía su miedo?

Y me confesó, lo que nunca pudo decirle de frente a ella, por temor a herirla y lastimar la relación -he de ser sincero, me pareció estúpido que no se lo dijera. No lo entendí-

¡Oh, paradoja! -así me lo pareció-

El miedo que sentía, era de ella, de que lo fuera a abandonar al paso de los años por ya no quererlo, por sentirse decepcionada o porque se diera qPero las continuas inseguridades de ella, que le decía a él, que no sabía si en el futuro seguirían juntos o si lo amaría, o si se cansaría o que no podría asegurarle nada, y no sabía que derroteros tomaría su relación, además de reproches cotidianos y celos terribles.

También me platicó que, cuando ella tomaba -lo que cada vez se hacía más frecuente y continuo- se transformaba.

Aceptó y estaba cierto que era la forma en que ella se armaba de valor para reclamarle y reprocharle, no sin justa razón -lo reconocía, él- lo que sobria no se atrevía, y luego ella le reiteraba que lo que le había dicho tomada, no le prestara atención.

Pero los comentarios, aunque válidos y reconocía él que eran ciertos, se apilaban y crecían, causándole dolor, desesperanza, aniquilando expectativas, su fortaleza e ilusión.

Como bien se establece: “si se dice cuando se toma, es porque se piensa sobrio”.

Y eso le calaba hondo, pegaba duro, porque quizá lo que le hacía sentido es lo que le molestaba.

Pero más aún, porque él sabía que eso que se estaba deteriorando, le causaba daño a ambos y más aún, sentía que la estaba destruyendo a ella y sencillamente eso él no lo podía soportar, porque no era posible que ante su incapacidad para hacerla feliz, la estuviera aniquilando, por su culpa, cuando era la persona que más quería.

Y prefirió romper, aunque continuaba con una vana esperanza de un quizá.

Me dijo que prefería que lo odiara, e incluso mejor aún, que llegara un momento en que él le fuera totalmente indiferente -recuerdo que sus ojos entonces se entristecieron y percibí que traía un pesar tan grande que supongo ni llorar pudo- pero que ella siguiera su camino, ya con mayores armas, alejada de lo que era y había hecho, fortalecida como persona, como ser humano y continuara su camino en pos de su superación y quizá, así lo señaló -con voz a penas perceptible y entrecortada- encontrando a alguien más, que la amara, más que él, que sencillamente por no atreverse y no saber, no pudo darle lo que ella necesitaba y quería: estar juntos.

Calló un instante, pero yo no lo pude interrumpir, ni menos aprovechar para irme, y después de ese su breve silencio, mencionó que si hubieran logrado estar juntos, después de todo lo que aconteció y lo que ella le expresaba, acabarían destrozándose, hasta perecer y esa opción tampoco era algo que le pareciera viable.

Tal vez, desde su perspectiva, lo mejor era separarse.

Que en alguien de los dos, cupiera la prudencia y desde su perspectiva, tener él, el valor de hacer lo que no se atrevió a llevar a cabo otras veces.

En lugar de tenerla esperando por una mera quimera, que nunca sucedería, lo que provocaba que ella, hermosa flor se estuviera marchitando, lo mejor desde su punto de vista, aunque doliera, era dejarla transcurrir libre, sin cadenas que la ataran a él.

continuará…

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