Cuentista, que no cuentero…

Hay momentos que surgen para hacer recapitulaciones y volvernos a contar recuerdos recientes y más lejanos.

Hay otros, en que solo se queda uno en continuo letargo, transcurriendo estático, sin más.

No llevo un diario de vida. Jamás lo he hecho, quizá porque mi propia travesía no me ha sido lo suficientemente relevante para plasmarla; aunque todos tenemos algo que contar…a veces.

La narrativa de una existencia se va dando por instantes, no como fotografías en serie, sino dentro de una película permanente que transcurre grabando y en tiempo real proyectándose a terceros, desde que nacemos y que a veces ni siquiera finaliza cuando morimos.

Pero son únicamente algunas situaciones que se nos quedan casi de por vida, las que más de continuo recordamos, sino es que hasta nos marcan en nuestra forma de ser y hacer.

Como sea, siempre viajo con mis recuerdos, buenos y malos, lo que hace que a veces ese equipaje canse, porque ya pesa, lo que no obsta para que siga poniéndole cada vez más situaciones que llevar a cuestas.

Y así ando por la mía existencia, aunque a veces esté calmo, con el fardo a todas partes y del que ocasionalmente saco materia para platicar a otros o platicarme a solas, diversas ideas mezcladas con sentimientos que, no siempre, son tan como sucedieron, y no porque mienta o exagere; sencillamente es como así me vienen a la mente, mezclados con otros espacios y tiempos que hacen que el pasado se combine y origine nuevas formas de traerlo al presente.

Quizá por eso, es mejor intentar contar la propia realidad en clave de cuento, así no se corre el riesgo de ser mentiroso, sino a lo mucho ser considerado un mero narrador de historias, buenas o malas, con algo de imaginación y un aderezo de fugaz talento.

Así, para que no se me olvide, lo que necesariamente el tiempo se llevará, es que día a día vuelvo a comenzar, al igual que Sísifo, sin saber a ciencia cierta para qué, este esfuerzo de platicar ese cuento de nunca acabar… aunque tal pensamiento no sea más que mera ilusión porque la finita existencia algún día a de terminar.

Y así inició mi día, cada día, como casi cualquier otro día, con un: “había una vez…”, o tal vez, con solo un simple quizás que a veces queda como mero suspiro y nada más.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s