Un decir anhelante y desesperado.

Ver que la existencia es un continuo derrotero, donde hay de todo: vida y muerte, amor y desconsuelo, alegría y dolor, risa y llanto, lucha y tregua…y no puedo perderme nada de todo eso, pues esto se da una sola vez y si este mi trayecto es contigo ¿Qué más?

Gracias, compañera de anhelos,

aunque estés allá, tan lejos,

por oír mis penas y desvelos,

-aunque ello sucederá desfasado en el tiempo-

hasta cuando leas estas líneas, que serán ya pasado,

precisamente cuando se de ese momento,

veras, y serán constancia de este instante,

como lo han sido todos y cada uno de los que han originado las palabras que se contienen en este documento,

cuya destinataria,

finalmente,

eres tú, mi amada,

mi compañera.

Te amo.

¡Ay, mi vida, cuánto te quiero!

¡Te amo!

¡Te anhelo!

Es más, te extraño, me haces mucha falta, no es bueno, ya no lo tolero…

Se conocen muchas mujeres, algunas francamente atractivas,

que impresionan por su físico y belleza;

pero, realmente encontrar una que además de todo, valga la pena,

para hacerla parte de mi vida,

es solo con esa, con la que quiero andar,

aunque se atraviesen otras,

pues saber que es mi compañera,

que a la par de ser hermosa,

la amo y me ama,

es más que suficiente para no buscar perderla,

por una simple aventura.

Lo mejor de todo eso, es que eres tú, esa exquisita y hermosa mujer para mí.

Gracias por ser mi mujer, con la que quiero compartir mi vida e integrar nuestros momentos, en una sola sintonía.

Quizás sea que, en  pos de tu presencia, en mi anhelo, he tenido que sentirte para recordarte.

Y tal vez, el hacerme a la idea de sentirte, no sea más que una mentira que tengo que inventarme y contarme repetitivamente para no sufrir en la realidad, tu tan sentida ausencia.

¿Qué será verdad?

El suspiro en tu lejanía o lo cercana que estás en mi sentimiento.

No lo sé.

De todas formas, no estás aquí.

En el dolor, en el amor, se vuelca uno sobre sí mismo y únicamente vive lo que padece y se le hace que es lo que hay, sin tomar en cuenta al ser amado, objeto de ese pesar.

Paradoja de amor que hace sufrir lo indecible y a la vez gozar el sentimiento, prefiriendo padecer y hacerse mil mortificaciones, a vivir una realidad vacía y en desamor.

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