Carta intentando externar, con el corazón en la mano, lo que en verdad te amo.

Mi amor:

Las alegrías, los pequeños momentos gratos que permanecen perennes, como también las desventuras, desencuentros, en fin, experiencias varias y situaciones buenas y malas, por las que hemos atravesado a lo largo de todo este tiempo, que nos ha transcurrido juntos, quizá es lo mismo que nos ha ido afianzando y haciendo más grande el amor, y va fortaleciendo todo aquello por lo que tú y yo, cada uno, vamos trabajando, esforzándonos con la idea del otro siempre presente, en cada uno de nuestros actos.

Si la vida, como tanto se pregona, son momentos, quiero ser un instante que en el presente te mantenga contenta y en tus recuerdos perdure con una sonrisa.

No quiero ni tu indiferencia, ni tu malquerencia, tampoco tu olvido.

Quiero que me quieras con cabal convicción desde tu alma y corazón que es donde sabes que se alberga todo lo que vale la pena y por lo que es menester luchar.  Aquello, por lo que me quedé prendado y me enamoré de ti, más allá de tu belleza evidente.

Lo demás va y viene; y aunque es bueno que esté, es sólo circunstancial mientras estemos juntos amándonos.

No pretendo una carta almibarada que con palabras dulces, te diga todo lo que te amo.

Bien lo sabes, y si no, te lo digo una y otra vez: te amo.

Y aunque en no pocas ocasiones, no lo expresado con mis obras lo suficiente,  de tal forma que tú estés y te sientas bien, es verdad. Tan cierto como la vida misma que en ti está, y en ti la encuentro.

Quiero, a través de las líneas que vayan fluyendo, hacerte saber lo que para mí eres en todo.

Lo que inició como un enamoramiento producto de un acercamiento casual -que se dio como suceden las cosas importantes en la vida- (que como anécdota, parece inverosímil, lo sabes bien), y que al paso del tiempo, de a pocos, y con todos los errores posibles que se puedan cometer (la gran mayoría, de mi parte), se ha ido construyendo cuidadosamente, para hacerte estar tranquila como lo mereces, aunque sé que no lo he conseguido, por mi ausencia y falta de presencia como tu esposo.

Pero ¿sabes? los miedos que tienes me hacen tener más miedo aún, para, en este vivir juntos con una cotidianidad, porque no quiero que nos dañe y lastime dando al traste con todo este sentimiento tan hermoso y cuidadosamente erigido en pos de una vida que deseamos y esperamos invariablemente juntos.

Hay mucho en lo que ambos debemos trabajar; sobre todo, en la confianza que a veces parece que se pierde, más referida a olvido que a dejar de tenerla.

Yo te amo y eso lo tengo perfectamente bien definido, porque no puede ser de otra manera.

Me es inconcebible pensar siquiera en que me faltaras, porque no habría sentido en lo que soy y hago.

Quizá no esté bien ser dependiente; sin embargo, mucho me defino en función a ti, porque de una u otra forma me he amoldado a ti; y por tanto, esta necesidad de ti, es lo que me hace estar bien si te tengo, sí estamos tranquilos y en paz los dos, o estar mal, en los momentos que me faltas.

Continuará…

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