Pensamientos que surgen, fuera de contexto.

Aquí, en la Sala de juntas de una corporación prestadora de servicios, en plena junta de retroalimentación de ideas a nivel nacional, concentrado en el trabajo, de repente me brotan ideas, fuera de contexto, que me desboradan.

Es increíble cómo se ha dado esta posibilidad gracias a la tecnología de comunicaciones.

Es maravilloso sentirse, como en una película de las que hay tantas, viendo aspectos corporativos y manejando conceptos para las empresas, razones de negocio, etc.

Lo único que falta es la cámara, para revisar la actuación de cada uno, en una reunión de tal magnitud.

Este mundo, en verdad, es sensacional y hay mucha gente que hace todo por pertenecer a él.

Pero, como en todo, quienes estamos inmersos en este mundo, a veces, solo a veces, pareciera que añoráramos un mundo afuera. Como los casados que nostálgicamente recuerdan su vida de solteros o los solteros que quisieran tener la compañía continua de una esposa.

Lo que es un hecho, es que idealizamos lo que no tenemos o que creemos haber perdido, sobre una concepción sobrevalorada de algo, que quizá no sucedió como ahora se nos presenta, y creemos tener la mágica respuesta que sería mejor donde no estamos, y que donde permanecemos a veces con cierta inconformidad, es algo que nos ata con cadenas, porque la vida nos llevó ahí y no hay forma de salir; lo cual, las más de las veces es consecuencia del agotamiento y presión -estrés- no en sí de la realidad… aunque en ocasiones es nuestro yo interno que no escuchamos, clamando por salir.

También es cierto, que nos da por apasionarnos y cuando todo sale a pedir de boca, no hay nada que detenga la euforia de haber hecho las cosas y que salieran tal cual lo habíamos planeado, sea cualquiera de las áreas en que estemos.

Pero es en parte cierto, que en ocasiones no tenemos más que eso y cuando por cualquier cosa ya no lo llegamos a tener, nos sentimos extraviados y abandonados, porque no fuimos construyendo alternativas en nuestra vida para continuar por derroteros diferentes, en caso de ya no poder continuar donde ahora estamos.

Y es que estamos tan inmersos en nuestro mundo laboral, que por eso mismo perdemos la posibilidad de ir preparando alternativas que nos hagan siempre tener oportunidades de vida diferentes pero ¿quién es tan previsor o tan visionario de proponerse hacerlo antes de estar en el supuesto que la vida misma nos coloca?

Casi nadie se ocupa de llevar a cabo planes alternativos de realización de actividades ya sea productivas o de crecimiento personal que “sean sustentables” para que, en cualquier caso, puedan convertirse en caminos alternativos e ir transitando la vida, sin necesidad de depender en forma exclusiva de lo único que tenemos.

Y así nos va transcurriendo la existencia, jornada tras jornada, esperando con argumentos preconcebidos, que no haya desagradables sorpresas si todo lo hacemos adecuadamente bien conforme al protocolo o un manual de procedimientos, sin movernos un ápice de los rieles en que estamos e incluso llevando a cabo un esfuerzo adicional, creyendo que con eso estaremos a salvo, como si pudiéramos controlar todo nuestro entorno alrededor de lo que es nuestro trabajo.

No consideramos que no podemos controlar todo lo que está fuera de nosotros, y a veces, ni lo que solo depende de nosotros.

Es una realidad de la que no tenemos, las más de las veces, conciencia.

Y aquí estamos.  Seguimos día a día, continuando con lo de siempre, como hormiguitas, como engranaje, sin darnos oportunidad de probar alternativamente otras posibilidades, no porque lo que tengamos sea malo, sino porque no nos damos oportunidad de descubrir algo que posiblemente nos sea mejor a nosotros, que a fin de cuentas, somos lo único que tenemos seguro, para nosotros mismos.

Para los únicos que somos definitivamente indispensables, es para nosotros mismos.

Sin uno mismo, nuestro ser no más no puede andar.

Todo lo demás es sustituible, variable o termina deapareciendo, sea la pareja, los hijos, las relaciones, el trabajo, los amigos, etc.

Y no es un egocentrismo a ultranza, sino una realidad y verdad apabullante.

Para nadie más somos, ni indispensables, ni mucho menos imprescindibles.

Quizá necesarios, circunstancial y temporalmente.

No más.

Sobre la base que en lo humano nada es permanente, por más que nos pretendamos hacer a la idea de ello, siendo finitos, no podemos absorber lo infinito que no nos es dable.

Y no pretendo discurrir para empezar una discusión de carácter religioso o filosófico.

Únicamente, es ubicarnos en una realidad que se da, tan rampante que nos rebasa y no podemos cambiar.

Sí, es verdad que podemos trascender con nuestros actos, es una realidad innegable; sin embargo, la cotidiana realidad nos indica en múltiples ocasiones que como profesionistas, como pareja, como amigos, como padres, fácilmente podemos llegar a pasar a un segundo o tercer plano o incluso desaparecer, ya no se diga el ser sustituibles para los demás.

No es una postura fatalista, ni determinista, ni de depredación (el hombre es el lobo del hombre…).  Se trata de ubicarnos cada uno y saber cuál es nuestro lugar como personas,  como profesionistas, para no pretender considerar que todo es seguro, con base en únicamente lo que hacemos, por excelente que sea y ya.

Así que sobre esta apreciación, me reconecto en la reunión en la que estaba (pareciera, que todo lo que discurrí internamente y burilé en mi agenda, hubiera sido un pestañeo, aunque se me convirtió hasta cierto punto en un impasse, porque lo que haya sucedido durante mi tiempo fuera, no trascendió para efectos de la junta -a veces sucede así en las juntas kilométricas, que pueden pasar largos tramos de minutos sin que se den avances reales-), continuo en mi labor cotidiana y sigo con el uso de la palabra.

Está latente esta semilla que ya germinó en mi cerebro. Ya obtuve el grado de Maestro, voy por el siguiente nivel, mientras tanto, trabajo como debe ser, cumpliendo objetivos, llegando a las metas.

Paso a paso…

 

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