La Higuera

Tan pequeña.

A penas levanta poco más de medio metro del suelo en su lugarcito, donde está plantada desde hace casi dos años.

Padeció una helada y una sequía, quedó solo un palo seco y mustio, y luego como milagro, resurgió.

Ahora, después de las varias vicisitudes que le transcurrieron, siempre quieta en el mismo lugar, tiene por fin un fruto, un solo fruto en toda su enorme pequeñez y está radiante, feliz por ese su resplandeciente creación.

Ha pasado por tanto la higuera, y sigue adelante luchando tesonera contra las inclemencias extremas, descuidos y olvidos y ahí está erguida incólume, orgullosa, tan chica y con ese su único brote, diciendo a todos:

¡Miren, aquí estamos mi presencia -así- y mi retoño, rebosantes!

Pueden transcurrir tantas situaciones, buenas y malas, sin siquiera movernos, abatirnos o bien fortalecernos, y de a poco salir, no sin dolor y con esfuerzo, venturosamente orgullosos, como mi pequeña higuera y mostrarnos al mundo, afanosos con el producto de nuestro trabajo, nuestro fruto, sea poco o sea mucho, pero todo nuestro…para compartirlo todo, que esa es la otra parte de ello.

De nada sirve el trabajo arduo si no somos capaces de ofrecerlo, para que alguien más también lo disfrute.

¡Ah, mi linda y pequeña higuera!

Con su único higo -hijo- hermoso portento, surgido de una breve pero sustanciosa y encantadora historia.

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