Respuesta a un amigo

Comparto tu tristeza y desconsuelo estimado Miguel Ángel.

No hay adjetivos para la indignación y dolor.

A pesar de todo, me niego a ser vencido por todo ello, y sabes por qué? Porqué como tú, imparto clase y convivo con jóvenes y he tenido la oportunidad, desde hace 27 años, de conocerlos y conectar en algo con ellos, bajo el pretexto de “enseñar” mis pobres conocimientos (lo digo sin falsa humildad), para aprender de ellos, de sus porqués, por lo que alguna vez algunos de mis maestros a su vez me transmitieron y no con la esperanza de cambiar a nadie, sino con la convicción de que si no les cortas las alas, si los impulsas (las más de las veces a pesar de ellos mismos, de su abulia y estar en ejemplos de menos desconcertantes y sumidos en un mundo corrupto y corrompido), algo les queda y lucharán, alguno de ellos…

Y precisamente, uno de esos jovencitos, hace algunos ayeres, fuiste tú, mi querido Miguel Ángel quien ahora eres un excelente profesionista y por suerte (por precisarlo de alguna forma) además, enseñas por amor a los jóvenes y les transmites tus conocimientos, y más que eso, tu forma de ser, y sabes? algo les queda… siempre, aunque sea a uno.

Y a pesar que solo sea una gota en el océano, no es eso algo? No es una gota también el océano? No cuándo la sacas del mar, aunque este sea o esté oscuro, esa gota es transparente?

Y como tú, afortunadamente, aunque no los veamos, también hay otros, con conciencia, con ganas, con pasión, con coraje, con vergüenza, con ahínco, multiplicándose en mil pedazos, no solo para salir adelante, sino para, con el ejemplo, jalar a otros y en ocasiones empujar.

Sí, en efecto comparto tu consternación, pero a mis ya casi 52 años, aún continúo con el candor de alegrarme por despertar cada mañana y encender mi lámpara (cual Diógenes, sin pretender nada más), a veces con algún pesar lo confieso, pero con la convicción de continuar buscando.

No soy un optimista empedernido, sino que la vida, a veces con duros golpes y caídas, pero con enormes alegrías y satisfacciones, me ha hecho comprender que soy un pesimista desencantado, sobre todo por tener la oportunidad de saber de gente como tú, lo que me hace recordar la canción de Gracias a la Vida, que en una parte dice: “gracias a la vida, que me ha dado tanto, me ha dado dos luceros que cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco…, me dio el corazón que agita su marco cuando miro el fruto del saber humano, cuando miro al bueno tan lejos del malo…”

En la vida, que a veces parece empecinarse en solo mostrarnos lo negativo, somos
más los que, como dices, tenemos que trabajar, necesitamos comer, etc., todos nosotros los “ciudadanos de a pie” somos muchos y de a pocos nos vamos identificando y haciendo un algo, por mínimo que sea, para luchar continuamente en lo que nos corresponde, no para intentar cambiar al mundo, sino buscando cada día ser mejor en lo personal, aunque a veces los múltiples intentos fallen las más de las veces.

Por eso mi querido amigo, se vale estar triste, pero jamás te rindas, y que solo la muerte te detenga, no la vida, aún con crudas manifestaciones.

Como dice el poeta:
Date una tregua, pero no claudiques, tú no.

Un abrazo.

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