“Diario”, de un viaje que mi amada hizo…

Esto lo escribí, hace ya algunos lustros.  Comparto parte de ese “diario”:

Hoy comienzo el primer día sin tu presencia física aquí en la ciudad y bueno ¿Qué te digo que no hayas visto?

Cielo gris, llorando tu ausencia.

A penas te fuiste y ya te extraño.

Dejándote en el aeropuerto me encaminé a no sé dónde, pues estaba perdido sin ti, y se me vino la necesidad de comenzar a escribir, para ir deshilando mi pensamiento respecto a tu partida.

Son, como siempre, las ideas que me inundan y que para no ahogarme en ellas tengo sencillamente que sacarlas.

¡Son muchos días por delante, sin ti mi amor! y traigo el corazón como ciruela pasa, es decir, apachurrado.

Disculpa que te escriba todo lo que voy sintiendo, pero es una catarsis, para irme quitando el desasosiego de tu actual inexistencia física conmigo.

Ya me siento huérfano y de pronto se me vino la visión de lo enorme y vacía que es la ciudad; me siento extranjero en tierra extraña, por más que aquí nací y he estado toda mi vida, pero tu ausencia me desespera, me mata y eso que apenas hace un rato te fuiste; a lo mejor es que como es tanto tiempo, me agobia la sola idea  y entonces siento así.

¿Cómo es posible que una persona te cambie toda la perspectiva de vida?

Pues bueno, así es contigo cariño, y no lo concibo diferente, desde hace ya tantos años.

En verdad que me haces falta y la óptica se me transforma.

Hace algún tiempo me he distanciado, pero no por no quererte, sino porque tengo una serie de cargas que resolver, que es completamente distinto, pues como te dije alguna ocasión, debo hacer las cosas, sin impedimento alguno, pero ahora…

Me tranquiliza que vas a disfrutar, a realizar un sueño, quizá más mío que tuyo, pero que se ha podido concretar. Evidentemente no me agrada (y menos a ti, supongo) esta ausencia que me mata.

Me gustas mucho y es en todos los sentidos, no exclusivamente por lo bonita que para mí eres, sino por quien eres.

Gracias por toda tu confianza, tengo gravado todo lo que me has dado desde que comenzamos hace ya algunos ayeres, para ti fue al principio algo para probar y no sabías como ibas a reaccionar; sin embargo te lanzaste, y te lo agradezco pues iniciamos entonces una experiencia de vida, esas que ambos, a ti y a mí, nos pertenece.

Habrás de disculpar que cambie tan rápido de ideas pero las estoy escribiendo como me surgen, sin ilación y quizá hasta sin sentido, pero escribo al vuelo y prefiero para que así veas mi  sentimiento tal cual se me agolpa.

—–

De pronto, me comen las ansias por saber de ti; quisiera que me llamaras o llamarte pero no tengo a dónde y sé que debo respetar ese el ahora espacio y tiempo tuyos,  ni modo hay que hacer de tripas corazón.

Ojalá me hablaras…

—–

Que bueno que me hablaste, estaba pensando en ti, cuando entró tu llamada, se me volcó de alegría el corazón y todo mi ser al saber que eras tú.

También te extraño.

Tuve un indecible frío en la madrugada, pues me dormí sabiéndote lejos y tu ausencia me pegó.

Desperté con la idea de que no estabas y me estremecí, ya sé que son unos cuantos días, que volverás, pero es un largo trayecto de ausencia tuya que causa pesar y cala hondo.

Ya no pude dormir y me puse a repasar algo de lo que hemos vivido.

Te reitero mi agradecimiento por la gran confianza y valor por todo lo que hemos pasado.

¿Sabes? sucede que te amo mucho más que antes y me refuerzas la convicción que tuve desde tiempo atrás de que no me equivoqué contigo, con lo que sentí y siento por ti.

Mi amor te revaloro cada día, pero ahora más.

Gracias por compartir, gracias por permitirme estar contigo a tu lado, por ser mi amor.

Caminamos juntos por la vida y eso me gusta; las expectativas de mí para ti y las que tengo de ti para mí se han ido incrementando, a pesar de cómo se están dando los acontecimientos. Todo lo que hemos compartido, va fortaleciendo ese sentimiento de profundo amor y admiración que ya te tenía.

Ahora lo sé, no estamos tan bien, pero si me permites, tengo la convicción que estaremos mejor, mi cielo.

—–

Te platico por este conducto de lo que va siendo mi vida, mientras estas ausente.

Te extraño.

Ya hablaremos y me platicarás como te está yendo en tu viaje.

Por fin nos comunicamos, es grandioso que te acuerdes de mí y que me digas que me amas, llenas de plenitud mi alma, toda vez que mi cuerpo ha comenzado un largo ayuno del tuyo y para soportarlo, como paliativo, está tu voz que, como humo, llena en algo los huecos que has dejado.

—–

En una oración continua, como tu imagen perpetua en mí, pido porque te vaya bien y que Dios te bendiga amada mía.

—–

Pienso y siento en función de ti y continuamente pido que te vaya bien.

—–

Me pongo a escribirte unas cuantas líneas para que sepas que estas en mí, que no es de otra forma y que no te me has salido del corazón ¿cómo pudiera ser de otra manera, si es que te amo?

—–

De paso en paso voy transcurriendo cada momento entreteniéndome en el trabajo para no estar pensando en tu lejanía, y pues así me está transcurriendo mi estancia en la ciudad.

Fíjate que de repente se me vino la idea, entre otras, de porque te quiero vida mía, la verdad es que no hay una exclusiva razón, si es que en tratándose de los sentimientos se puede “razonar”, pero en ti veo al ser humano bueno y noble que a pesar de los avatares de la vida, ha salido siempre adelante.

Te amo y añoro el volver a verte y estar contigo a mi lado para disfrutar de los momentos esos en que eres mi linda niña, mi amada mujer, mi encanto que engalana toda mi vida y que me hace ver que lo cotidiano tiene un plus, por estar tu conmigo.

Quiero, mi cielo, que siempre seas mi compañera de vida, la que este conmigo para que seamos juntos un solo ser y que compartamos los momentos que nos permitan crecer en nuestro amor y también como personas cada uno por separado, para estar plenos en nuestra relación.

Te veo y vislumbro junto a mí, pero no pegada a mí; te imagino desarrollándote, personal y profesionalmente, y estando junto a mí, uno al lado del otro, compartiendo y compartiéndonos e integrándonos, contentos y a gusto, con la satisfacción de estar juntos por una necesidad afectiva que nos satisfacemos mutuamente y que nos hace estar bien, pero no con una dependencia o sujeción que nos ate forzadamente.

Deseo y me empeño en que puedas cada día crecer como persona, como ser humano, que reafirmes tus valores esenciales y que estés plena como mujer, realizar tus sueños, con esfuerzo y dedicación, pero independiente y segura, confiando en tu potencial y capacidad, para que de constante te superes y en esa medida, ojalá, revalores y redimensiones nuestra relación.

Te amo, y no puedo pensar sino en función de que lo que hagamos juntos sea por convicción y que ambos tengamos ganas de adelante, con nuestras altas y bajas, cambios de humor, malestares y demás, por supuesto también en todos y cada uno de los momentos buenos que nos esperan, además de los que ya hemos tenido y que van formando nuestro bagaje de experiencias compartidas como pareja.

Me encanta que digas que soy tu novio, tu pareja, tu esposo, tu amante, tu amigo y que así me conozcan.

Te apoyo y respaldo en lo que haces, pues tengo plena confianza en ti.

Eres en mí, todo aquello por lo que voy realizando mi camino en la cotidiana circunstancia del trabajo, con menos esfuerzo gracias a que tengo una ruta en la que me oriento gracias a ti.

En verdad te siento y te vivo aún en esa tu ausencia física.

—–

Quiero que mis palabras, con las que digo que te amo, sean testimonio de vida y del amor que te profeso; así que te las lleve el viento y encuentren a través de tu oído eco en tu corazón, para reconfortarte y reconfortarme al saber que las has recibido y que las sientes profundamente como una parte de ti.

Estas en mí, mucho más de lo que yo mismo me encuentro en mí.

—–

Hoy por primera vez en toda la semana hace sol, está el día bonito, objetivamente está padre, como que ya se siente que son vacaciones para el común de las personas, incluso cuando venía camino al trabajo, me encontré con personas que hacían preparativos para salir.

Tengo muchas ganas de estrecharte y darte un enorme beso (en la boca, sin pretexto alguno que valga), me aguanto las ganas para cuando regreses.

Me los debes.

Te amo y me gusta la idea de sentirlo, así tan plenamente como tú estás en mí.

Es bonito saber que soy y estoy correspondido por ti mi amor y que ese vínculo que nos une se va fortaleciendo con las ganas que le hemos estado poniendo desde hace tanto, a fin de ir creando algo nuestro, hermoso y duradero.

Me agradas y me siento tan bien con la sola idea de ti, que se me transforma de lleno el entorno.

Estoy optimista y bueno eso ayuda bastante para sobrevivir en estos instantes en tu ausencia.

Aunque lo que escribo, no sea de lo más inspirado, de todas maneras no me cuesta trabajo hacerlo, sobre todo porque va dirigido a ti, mi cielo, mi cariño y eso hace que se me fluyan las palabras, coherentes o no, con o sin ilación, pero bueno el hecho es que tú haces que por lo menos sea fácil hacerlo (aunque el contenido sea “diverso”, por decir lo menos).

—–

Te amo mi vida, y es bonito así sentirlo.

Estas en mi entorno gracias a que te siento aquí en mi corazón, que me sublima la fea realidad de tu no presencia física cerca de mí.

—–

En los breves espacios que estoy teniendo te voy escribiendo y eso es para saber que en tu lejanía estás conmigo, es mi manera de lidiar con tu ausencia y sentir tu presencia; es como cobijarme con mi propio pensamiento y sentimiento por ti vida mía y bueno es una forma de no perderme sin ti.

¿Qué quieres? Estoy cual perro sin dueño (que feo se siente eso), como chamaco en guardería, como chícharo abandonado en olla, o como dijo Gloria Trevi como papa sin cátsup.

Te amo, te extraño, te añoro, te pienso, te siento, y me hago a la feliz idea que también yo estoy en ti, en tu corazón, tanto como tú lo estas en mí.

—–

¿Qué hago aquí sin ti?

Es algo que me duele cuestionarme, porque me pesa tu ausencia y me angustia; sin embargo, ya me permití externarlo para quitarme cualquier vestigio de nostalgia y curioso, hasta paradójico, me regreso más a ese estado de continuo dolor que puntillea mi alma.

Te invoco a cada momento para no perderme en la profundidad de la oscura soledad, no quiero vivir extraviado de ti.

Te grito en un silencio grande, desde mi corazón, para darme fuerza, para espantar mi desasosiego.

—–

Estoy aquí sin tu presencia.

Ya lo sé, es el mismo cantar, pero ¿Qué quieres? Es la misma ausencia y es que no es cierto que me pueda acostumbrar a ello, sencillamente no puedo andar así.

No te tengo y me entristezco.

Me haces falta, es como si faltara una pieza en todo el rompecabezas. Estoy como sin terminar, como no acabado y ya no se más nada de ti.

—–

Busco que hacer para entretenerme, ya me quiero ir…no se adonde, pero si sé que lejos de todas estas personas.

Me siento atosigado.

No estas.

—–

Yo aquí extrañándote y pensando en ti.

He aprovechado estos días para pensar y ordenar mis ideas, pero sobre todo para embelesarme de ti, recordando todo lo que hasta hoy hemos vivido juntos gracias a la oportunidad que nos hemos brindado de ser pareja.

Y mira que son cosas que traigo francamente impregnadas en mi ser y es de gran gusto, tanto que me aminoran el pesar de tu ausencia.

—–

Cada parte de mi te siente y sufre.

Cada uno de mis instantes, son anhelos por saber de ti, por verte, por tenerte.

Cada suspiro es para recordarte.

—–

Te extraño, todo tiene sabor a ti; todo el recuerdo se agolpa en ti.   Voy, vengo, subo, bajo, me siento, me paro y estas ahí en mi mente, aquí en mi corazón.

De pronto, como quisiera decirte hasta lo más trivial… volteo y la realidad me echa en cara que no estás, justo cuando tengo ganas de darte un enorme beso, de acariciar tu piel.

Quiero escribir un poema y me encuentro con el vacío, pues tanto me vuelco en ti, que me quedo sin pensamiento, ni sentimiento para algo más…

¿Qué tanto hay de ti en mí?

Todo, absolutamente todo, tanto que cuando te me fuiste me partiste en pedazos y los esparciste al viento.

Estoy destazado y no encuentro partes de mí, sobre todo, no te hallo a ti y eso agranda mi dolor.

Es tarde y se llega más aún la nostalgia para impregnar el ambiente completo de tu ausencia.

Te tengo en mí y me llenas todos los espacios, aún aquellos que estaba seguro que se encontraban cubiertos.

¿Por qué tanto de ti?

No lo sé, pero me gusta estar lleno de ti.

Eres tan frágil y tan fuerte, no sé qué más decir.

—–

De repente me sentí desdibujado.

No es nada, sólo que no estas.

—–

Pensándote es como estar contigo, de una manera imperfecta, pero bueno, te toco desde mi alma, tanto que percibo tu piel y hasta la sensación especial de acariciarla la tengo en mis dedos; me sorprendo mirándote sin realmente mirar, tocándote sin tocar más que al aire en la nada.

Me gustas mucho.

Te amo más.

Eres mi vida.

—–

Estoy siempre en pos de ti, como si de un interminable verano se tratara, así te siento, así te percibo, así te vivo y las vivencias son lo único que por el momento tengo de ti.

—–

Quiero seguir siendo siempre parte de ti y quiero ser para ti, quien represente eso que esperas, aún en tus momentos más aciagos y cuando te sientes desolada, pero también cuando estas resplandeciente, radiante, en todo tu esplendor, fulgurante.

—–

Aquí, como desde que te fuiste, está lloviendo, con ese llanto silencioso que acallado y quieto deja fluir el sentimiento de tristeza que cala pues se trae desde muy adentro…

continuará…

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