Las Damas de la Noche

Las damas de la noche,

aves de ornato en cautiverio,

deambulando solas,

y a veces en parvadas van.

Surcan la neblina nocturna y te llenan de ilusión

Son hermosas, extravagantes y permiten que los incautos abreven

sus ansias en sus cuencas vacías.

Cada cual, son fuertes bastiones que saben de sinsabores.

Cada cual, con una historia que contar o un cuento que creer.

Son duras en el exterior, pero tan frágiles y vulnerables cuando se les conoce…

Han llegado a la noche presas de circunstancias,

experiencias dolorosas.

Varias ni se acuerdan cuando o porqué traspasaron el umbral de las tinieblas,

es tan dura la transición,

que prefieren acallarla en lo más profundo de su corazón,

aunque siempre reiteradamente fluye y es cuando vuelve a doler,

esa herida que no sana.

Y están ahí, listas a cobrar presas,

tal como ellas fueron cazadas,

por alguna mala jugada,

por alguna mala experiencia,

por algún mal amor.

En su cautiverio, encerradas, vuelan libres

Ora palomas evitando ser devoradas por aves de rapiña,

ora halcones buscando pichones en los cuales vengar su ira,

y de paso, vivir y hacer vivir una virtual alegría, una fugaz libertad que no existe.

Caricias con costo,

precio estándar,

a quien quiera pagar una plática, donde desahogar amores y desamores,

encuentros y desencuentros,

mentiras y olvidos…

o bien, para dejarse tocar fingiendo ser conquistadas,

jugando a ser conquistadas,

jugando a ser juguetes de quienes, a su vez, son títeres de estas esfinges,

que rapaces matan.

Pero no,

no son malas,

son víctimas de sí mismas,

prisioneras de sus circunstancias.

Las damas de la noche van, para salir de la oscuridad,

cavando más adentro,

enterrándose más…

Y a base de inventarse y reinventarse tras el maquillaje de ocasión,

se pierden en su propia prisión.

En algunos casos, su único contacto con la realidad son sus hijos o familia,

razón por la que, a falta de oportunidades,

se atreven a hacer sus noctámbulos vuelos,

convirtiéndose sin querer, en empresarias de sus propios cuerpos.

En verdad, ¡qué valientes son!

A veces se pierden en sus propias redes,

en su desplegar y batir de alas para atraer o alejar a sus clientes.

Quimeras de ilusión.

Quienes se han adentrado de continuo en este mundo,

saben a lo que van;

pero los más vulnerables,

los que traen el corazón a flor de piel, se la rifan,

porque a final de cuentas, caen tarde que temprano en ese vaivén.

Las damas de la noche son aves que surcan la nocturna neblina de la ilusión

donde abrevan igual incautos, que ingenuos,

unos y otros vierten en ellas sus sueños.

Son quimeras sí, pero tan reales mientras dura la noche,

tan ciertas, mientras viven.

Son llanos y verdes prados en los que se desea pastar mientras se convive con ellas;

pero fuera de su circunstancia,

se convierten en seres vergonzantes,

si se les llega a atrapar lejos de su caserío,

de donde queremos no salgan,

se les juzga y se les destroza,

se les maltrata y hasta se les mata,

como si con ello se pudiera acallar nuestra propia infamia.

Su sola presencia fuera de sus lares,

dentro de nuestra vida cotidiana,

nos ofende,

es echarnos en cara nuestras bajezas y pecados,

esos que queremos permanezcan siempre en secreto,

y no toleramos la sola idea de pensar que nos puedan descubrir,

al verlas a la luz del día,

como espejos que reflejan nuestra imagen al haber estado con ellas.

Son pasiones desbordadas,

inconmensurables deseos,

pero a la vez y aunque se nos olvide,

son seres tan como todos nosotros,

con ilusiones y deseos de ser amadas y tratadas como damas,

queriendo depender y dar amor a alguien que las sepa amar,

y que no se fije en su actuar.

Son vacíos profundos que nos rodean y confunden,

que nos llenan de nada y vacíos nos dejan.

Luego en el amanecer, las damas de la noche retornan a su triste nidar,

en la realidad de la soledad a la que están condenadas,

en un cautiverio de desencanto y por lo cual, viven sosteniendo relaciones de desprecio, golpes y fatigas que las marcan, a la par de sufrir el señalamiento de la sociedad que las condena a la hoguera y al vacío de la noche,

a donde regresan dolidas, lastimadas, y con el estigma que las hace amargas y las orilla a depredar el alma.

Las damas de la noche,

son eso y nada más,

pues en el día difuminan su ser y se pierden en la inmensidad.

A la luz del sol esconden su cara,

como si el alma desnuda tuvieran.

En cada mañana sufren la ignominia de saberse poco menos que nada,

y acaban las más de las veces por creerse esa idea,

como verdad inveterada.

Se dan cuenta, cada amanecer, que están por siempre condenadas a esa existencia que les va carcomiendo las entrañas.

Se sienten acorraladas y terminan cediendo para continuar en vida siendo muñecas inanimadas que funcionan con dinero cual máquinas que expenden placer a los demás, sin expectativas ni ilusiones de cambiar o que alguien las rescate de la oscuridad,

donde se quedan postradas,

hasta no poder ya más y diluirse entonces en una muerte lenta,

la más dolorosa, la misma que las hace estar inertes en vida,

y de las personas que originalmente eran,

tan comunes e igual a otras,

ya ni el consuelo del recuerdo alcanzan.

Benditas palomas las que logran escapar de ese su marcado destino y logran emprender el vuelo arriesgando hacia un lugar probablemente más modesto,

donde encuentran por fin la paz,

en brazos de aquél a quien quizá a penas conocieron y que les permite la oportunidad de algo diferente a su pesado batallar.

Las damas de la noche, recuerdo de un momento de juerga y nada más,

que triste existencia sin algo que aquilatar,

sólo guardando amarguras de desprecios y sinsabores,

lo más triste,

ellas mismas se lo auto imponen creyendo que así expían sus propias culpas

y las de quienes las orillaron a ese pesar.

Las damas de la noche,

valientes guerreras que enfrentan su destino,

y que sin embargo,

a pesar de su utilidad y fin social,

no valen más allá del fugaz momento de escape,

ya sea de frustraciones o celebraciones,

y son consideradas poco menos que simples cosas intercambiables que se pueden manipular,

sin más valor que el que se puede pagar por estar con ellas y tratarlas,

sin mucho afán,

como objetos dispuestos a utilizarse por la cuota que se eroga por ellas y ya.

Las damas de la noche,

objetos de comercio,

alucine fugaz,

despreciadas y admiradas,

son esos recipientes de desahogo y olvido para no dejar huella que afecte a las “buenas conciencias” que se acallan en y con ellas,

pero que de igual forma se les condena por su “despreciable” e inmoral actuar.

Y pensar que con las damas de la noche llega todo tipo de personas,

de ambos géneros,

a saciar instintos a sacar lo más profano y ruin,

a darse “permisos aceptables”,

“canonjías y venias”

para luego,

saliendo protegidos por la misma noche,

traspasándola,

durante el día continuar fungiendo y fingiendo en sus venerables e intachables roles sociales,

como fachadas que revisten podredumbre que no es visible ni confesable.

Porque es socialmente bien aceptado,

quién profesa virtudes públicas,

sobre todo si las mismas se rodean de dinero y poder,

siempre que se resguarden discretamente

y sólo para corrillos y chismes los vicios privados,

aquellos que se conocen pero se esconden,

a fin que cada quién continúe desempeñando su rol en la gran comedia social.

Y bueno, si algo hay que condenar,

para contrición de los piadosos (varios de los cuales fungen como clientes asiduos escondidos en las sombras nocturnas, también en esos momentos),

cobardemente se tiene a la mano,

en otra de sus funciones comunitarias,

a las damas de la noche,

sino

¿a quién más?

¿Qué si no existieran?

¿Dónde se acallaría el ansia?

¿Dónde se saciarían las bestias dando rienda suelta a su lujuria y a sus bajezas, a su perversidad?

Benditas damas de la noche,

que piadosas cumplen su fin social,

cargando una gran cruz a cuestas,

que la sociedad supone que para eso están.

Porque sencillamente de una forma por demás rampante y simplona,

para acallar conciencias de bien,

se concluye que si en esa condición están,

a eso llegaron por ser unas perdidas

o con un ánimo piadoso,

se deduzca que tal vez fue por necesidad sin poner mucho esfuerzo en definir o explicar el porqué,

sino sólo acentuar lo que se ve y se explica que esta mal.

Se les compadece y se les odia,

se les denigra y son objeto de burlas y desprecio fuera de su lugar,

lo que es inversamente proporcional a la gran admiración y deseo que por ellas se siente,

cuando dentro de su zona se está.

Y, total ¿qué más da?

2 comentarios en “Las Damas de la Noche

  1. Muy bello, cierto se les desprecia sin comprenderlas o sin siquiera oírlas,cuando muchas no son mas que víctimas de circunstancias, sin siquiera saber como salir de ese pozo al que cayeron.

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    1. Es fácil anteponer la circunstancia, sobre la persona, pero lo verdaderamente importante es el ser humano. Sencillo criticar, juzgar; difícil pero hasta maravilloso es conocer. En fin. Gracias por dedicar tu tiempo a leer lo que escribí. Buena tarde dominical

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